La violencia vicaria llegará este martes al Congreso Nacional. Las comisiones de Mujeres y Diversidad y de Familias, Niñez y Juventudes de la Cámara de Diputados realizarán una reunión conjunta informativa para abordar la problemática y debatir sobre violencia vicaria.
El encuentro fue convocado por las diputadas y diputados Gabriela Estévez y Pablo Yedlin y se realizará el martes 19 de mayo a las 12 horas en el Anexo C de la Cámara de Diputados, en la Ciudad de Buenos Aires.
Entre las expositoras estará la psicóloga argentina radicada en España Sonia Vaccaro, referente internacional en violencia vicaria y creadora del término, junto a organizaciones de niñez y agrupaciones de madres que denuncian situaciones de judicialización y separación forzada de sus hijos.
“Lo más importante es visibilizar lo que está ocurriendo”, asegura Laura Blanco Luna, integrante del frente Madres Víctimas de Violencia Vicaria, organización que impulsó el anteproyecto presentado por el diputado Esteban Paulón.
Qué es la violencia vicaria
El concepto describe situaciones en las que un agresor utiliza a los hijos para continuar ejerciendo violencia sobre la madre después de una separación.
“Empiezan las amenazas: ‘No te los voy a devolver’, ‘Te los voy a sacar’. Y muchas veces aparecen denuncias falsas de maltrato o abuso”, explica Blanco Luna.
Según relata, una vez que la madre queda denunciada, comienza un largo recorrido judicial que involucra fiscalías, juzgados de familia, pericias psicológicas y cámaras Gesell. “El niño queda judicializado y la revinculación puede tardar meses o años”, sostiene.
“Me quiero ir con mi mamá”: el caso de San Juan
Uno de los casos que expone ocurrió en San Juan y tiene como protagonista a un niño pequeño.
“Después del divorcio, el chico estaba con su papá y cuando la mamá fue a buscarlo, él no se lo devolvió. Ahí ella recibe una notificación: estaba imputada por lesiones hacia su hijo”, cuenta Laura.
Según explica, las acusaciones se basaban en un raspón en la pierna y una picadura que el padre interpretó como una supuesta quemadura de cigarrillo.
“En un video se ve al nene llorando, diciendo: ‘Me quiero ir con mi mamá’. Incluso intenta pasar entre los barrotes del portón para alcanzarla”, relata.
La escena terminó con intervención policial y el niño quedó separado de su madre.
El impacto en los chicos
Otro de los episodios mencionados ocurrió en Santiago del Estero, donde una madre fue denunciada luego de que el padre asegurara que su hija había sufrido abuso.
“La nena tenía 6 años. La revisaron médicos forenses y comprobaron que no había existido abuso”, explica Laura. Sin embargo, cuestiona el procedimiento al que fue sometida la menor.
“Hay chicos expuestos a pericias invasivas, fotografías y situaciones muy traumáticas. Eso también deja marcas”, afirma.
Qué busca el proyecto de ley
Desde las organizaciones que impulsan la iniciativa sostienen que el objetivo principal es que la violencia vicaria sea reconocida formalmente y deje de ser tratada únicamente como un “conflicto familiar”.
Además, el proyecto propone capacitaciones específicas para jueces, fiscales y equipos interdisciplinarios.
“Queremos que se comprenda que no se trata solamente de una disputa por tenencia. Hay situaciones de violencia que utilizan a los hijos para dañar”, señala Blanco Luna.
Un debate que crece en Argentina
La reunión informativa será transmitida en vivo desde el Congreso y contará con referentes de distintas provincias.
Mientras el debate avanza, organizaciones de madres insisten en que muchas mujeres no se animan a hablar públicamente por miedo a represalias judiciales.
“Hay madres que sienten que si hablan, las silencian. Por eso para nosotras es tan importante empezar a visibilizar estas situaciones”, concluye Laura.
La Ley Joaquín y el caso que conmocionó al país
Durante la reunión también se hablará de la llamada “Ley Joaquín”, una iniciativa impulsada tras el filicidio vinculado de Joaquín Ruffo, el niño asesinado por su padre para dañar y amedrentar a su madre, Natalia Ciak.
El caso generó una fuerte conmoción y se convirtió en uno de los ejemplos más extremos de violencia vicaria en Argentina.
Según explican las organizaciones que acompañan a madres víctimas de este tipo de violencia, la ley busca no solo reconocer la figura de violencia vicaria dentro del sistema judicial, sino también prevenir situaciones de riesgo extremo donde los hijos son utilizados como herramienta de castigo o venganza hacia las mujeres.
“Hay casos gravísimos donde los niños terminan siendo víctimas directas de la violencia ejercida contra sus madres”, sostiene Laura Blanco Luna.
Desde los colectivos que impulsan el proyecto remarcan que el objetivo es evitar que estas situaciones vuelvan a repetirse y generar mecanismos de prevención, capacitación y actuación temprana dentro de la Justicia.
“El sistema se convirtió en el arma”: el duro testimonio de Ana Sosa y el adelanto de lo que se va a presentar
Para Ana Sosa, otra de las madres que expondrá durante la jornada y que se define como víctima de violencia vicaria, el problema ya excede los casos individuales. “Es muy grave lo que está pasando. Mañana tenemos la presentación de la anteley y necesitamos fundamentar verbalmente por qué hace falta una ley sobre violencia vicaria”, explica. Y agrega una definición contundente sobre el funcionamiento actual del sistema judicial: “El sistema se convirtió en el arma. Es la metástasis del cáncer”. Según sostiene, detrás de cada historia aparecen mecanismos similares: denuncias, judicialización y separación forzada de madres e hijos. “Son patrones que se repiten”, resume.
"Buenos días. "Soy madre víctima de violencia vicaria. La violencia vicaria, tal como acuño el termino la psicóloga Sonia Vaccaro, es una de las formas más crueles de violencia de género, aquella en la que los hijos son utilizados como instrumentos para dañar a la madre ejercida por medio de violencia psicológica, intrafamiliar, económica y emocional, sostenida mediante campañas de difamación, deshumanización, violencia institucional, hostigamiento legal, con vulneración de garantías constitucionales y de derechos humanos fundamentales. Siendo el impedimento del vínculo, considerado una forma de maltrato infantil, muchas veces legitimada por el propio sistema.
Las mujeres, privadas de maternar únicamente como resultado de una venganza personal, estamos muertas en vida. Los progenitores de perfil obstructivo, instrumentalizan Niños niñas y adolescentes, protegidos por la Convención sobre los Derechos del Niño, por nuestras leyes de protección integral y por múltiples tratados internacionales que establecen que ningún niño debe ser utilizado como objeto de disputa, manipulación o vivir violencia.
Por eso nuestra propuesta “Ley Joaquín contra la violencia vicaria con perspectiva de infancia” es articulada e interdisciplinaria. Porque entendemos que la magnitud de esta problemática social requiere una respuesta estructural del Estado y la articulación real de sus poderes e instituciones, judicial y extra judicial. La violencia vicaria crece de manera exponencial y sus víctimas más vulnerables, son nuestros hijos. Aunque no siempre quite la vida física, destruye familias enteras.
El Estado no puede mirar para otro lado cuando se está avalando la construcción de futuros adultos rotos. Y esto no ocurre solamente en Argentina. Es una problemática que trasciende fronteras y el daño es devastador. Cuando el niño es judicializado, deja de ser nuestro hijo y pertenece a la justicia, es expuesto a pericias, entrevistas, en los casos más graves a revisiones médicas ginecológicas, que los afectan de por vida y judicializado simultáneamente en el fuero civil y penal. Mientras la justicia tarda, la infancia se pierde, la justicia tardía no es justicia.
Nadie puede esperar años para que se respete el derecho a una vida sin violencia. Una madre no puede esperar años mientras se pierde la infancia de su hijo. ¿Cuántos años dura la infancia? Porque ese derecho debería ser tan sagrado como el derecho a la vida misma. En estos procesos ocurre algo cruel; la muerte simbólica de la imagen materna.
A nuestros hijos, se lo priva de su figura de apego principal y de amor para una construcción sana de su identidad. Se lo obliga a vivir un duelo ambiguo, de una madre viva, se les enseña a verla como alguien peligrosa, ausente, descartable y reemplazable. Mientras las mamas luchamos incansablemente, se invierte la carga de pruebas judicialmente y socialmente. A las madres se la condena a una existencia vacía, muertas en vida sin poder maternar y proteger a nuestros hijos.
Esto es posible por medio de una representación legal, que se ejerce de forma temeraria, profesionales con vasta experiencia en casos de familia y sin ética profesional, han estudiado cuidadosamente los vacíos del sistema judicial, para sostener y legitimar los arrancamientos de nuestros hijos por años.
En algunos casos detectamos asociación ilícita de profesionales y los progenitores obstructores. Estrategia que es acompañada de una lista de delitos que cometen, que están tipificados en el código, falsas denuncias, violencia psicológica, maltrato infantil, impedimento de contacto, demandas de cuidado unipersonal, que no son más que una estafa procesal. Esta utilización abusiva del sistema judicial, parece no ser vista ni entendida como un plan macabro
Este anteproyecto representa un desafío. Lo sabemos porque somos madres atravesadas por años de derrotero judicial y dolor. Entendemos que las grandes transformaciones sociales nunca fueron inmediatas ni sencillas. Toda problemática social que crece y se vuelve estructural exige una respuesta con cambios estructural del Estado.
Ningún gran cambio social ocurrió de un día para otro. Todos requirieron decisión, recursos, articulación institucional y la capacidad de mirar más allá de la urgencia del presente. Eso es exactamente lo que propone este anteproyecto. Porque la “Ley Joaquín”, no es solamente reparar el daño cuando ya está consumado. Es prevenirlo. Implica construir un sistema verdaderamente articulado e interdisciplinario, justicia con perspectiva de infancia, capaz de detectar tempranamente dinámicas obstructivas y evitar que los niños sean arrastrados durante años dentro de procesos judiciales interminables.
Desgastar las madres psicológicamente y económicamente hasta el punto que ya no puedan defenderse ellas ni a sus hijos. NO EXISTE REPARACIÓN ULTERIOR.
Necesitamos descomprimir los juzgados de familia que se encuentra colapsado. Los niños que sí necesitan con urgencia la intervención y protección del Estado, no reciben la atención de sus casos.
Nuestra propuesta es implementar mecanismos de evaluación temprana de violencia vicaria y etapa previa de prejudicialización interdisciplinaria capaz de evaluar el riesgo real y cierto para evitar la judicialización innecesaria de niños y familias. Judicializar la infancia no puede ser la primera respuesta automática del sistema, en vez de proteger revictimizamos. La falta de articulación entre el fuero penal y el fuero civil cuando hay niños involucrados, las familias queden atrapadas en circuitos paralelos donde una denuncia penal, a solo dichos del progenitor, genera medidas cautelares de cuidado unilateral y suspensión del vínculo-materno filial.
Por eso proponemos que, cuando exista intervención simultánea de ambos fueros, exista articulación automática. No puede seguir dependiendo exclusivamente del esfuerzo económico, emocional de las madres y procesal de los letrados de trasladar información de un expediente a otro.
El Estado debe articularse a sí mismo cuando hay una infancia en riesgo. No puede continuar sosteniendo procesos de desvinculación prolongada violentando un derecho del niño y de la madre. Necesitamos formación obligatoria y especializada para todos los actores que intervienen sobre una infancia judicializada: jueces, fiscales, defensores, abogados, psicólogos, peritos, equipos técnicos e instituciones intervinientes. La ausencia de mirada interdisciplinaria, preventiva, sí requiere inversión estatal.
Entendemos que, a largo plazo, significa un enorme ahorro humano y recursos económicos del sistema, casos que llegan a tribunales internacionales sin haber logrado jamás una revinculación. Por eso insistimos en algo central, la infancia no puede pensarse desde una práctica reparadora. Porque cuando el daño ya ocurrió, es tarde.


