Estaban en su departamento, a decenas de metros de altura, cuando todo comenzó a moverse. Primero fue el desconcierto. Después, el miedo. Gabriel Mónaco, un argentino que vive junto a su esposa en el piso 25 de una torre de Medellín, quedó en medio del fuerte terremoto que sacudió Colombia durante la mañana de este lunes 10 de agosto.
Había sentido temblores otras veces desde que vive en el país. Pero aseguró que nunca había atravesado una experiencia semejante.
“Mi mujer se puso a rezar, no sabíamos qué hacer”, relató Mónaco en diálogo con TN, medio al que brindó su testimonio poco después del sismo.
El miedo en el piso 25: “No sabíamos qué hacer”
El movimiento comenzó alrededor de las 7.34, hora colombiana. Gabriel estaba con su mujer en el departamento cuando sintieron cómo la torre comenzaba a oscilar. A semejante altura, la sensación fue todavía más impactante.
Según contó a TN, ambos buscaron rápidamente un lugar donde resguardarse y terminaron ingresando al vestidor mientras esperaban que el movimiento terminara. Llevaron sus teléfonos y permanecieron allí durante los momentos más angustiantes.
Habían vivido otros movimientos sísmicos. Este era diferente. Mónaco describió la situación como una experiencia extremadamente fuerte y contó que durante aquellos minutos sintieron cómo todo a su alrededor se movía. No sabían cuánto iba a durar. Ni qué podía ocurrir con el edificio.
Su mujer empezó a rezar
En medio del desconcierto apareció una reacción instintiva. Su esposa comenzó a rezar. Gabriel, mientras tanto, intentaba decidir qué debían hacer.
El argentino aseguró que la torre donde viven está preparada para movimientos sísmicos y que no registró daños estructurales visibles. Sin embargo, después del terremoto decidieron no permanecer allí.
El miedo ahora estaba puesto en las réplicas. “Estoy temblando, pero estoy bien”, contó posteriormente. La pareja abandonó el edificio y se trasladó a la casa de los padres de ella, según explicó Mónaco a TN.
Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió Colombia
El fuerte terremoto ocurrió durante la mañana del lunes 10 de agosto y tuvo su epicentro en cercanías de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, en el oeste colombiano.
Las primeras mediciones difundidas durante los minutos posteriores al fenómeno hablaban de magnitudes menores, pero los registros posteriores situaron al terremoto en magnitud 7,4. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) ubicó el epicentro aproximadamente cinco kilómetros al este de San José del Palmar y calculó una profundidad cercana a los 107 kilómetros.
El movimiento se sintió en grandes ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, además de otras localidades del centro y oeste del país.
En distintas zonas comenzaron a reportarse daños materiales y las autoridades activaron protocolos de emergencia mientras continuaban las evaluaciones.
El temor a las réplicas
En Medellín, donde vive Gabriel, el terremoto provocó momentos de enorme tensión. Para quienes estaban en edificios altos, la oscilación de las estructuras hizo que la percepción del movimiento fuera especialmente intensa.
Gabriel explicó que las construcciones modernas de la ciudad cuentan con sistemas y normas pensados para responder ante movimientos sísmicos. Eso, sin embargo, no evitó el miedo.
Cuando el temblor terminó, la pareja tomó una decisión: irse del departamento. No quisieron esperar en el piso 25 ante la posibilidad de nuevas réplicas.
Fue recién lejos de la torre, ya en la casa de sus familiares, cuando Gabriel pudo empezar a procesar lo que acababan de vivir.
“Nunca viví nada así”
Es quizás esa frase la que mejor resume el impacto de aquellos minutos. Gabriel había atravesado otros temblores desde que vive en Colombia. Sabía lo que significaba sentir que el suelo se moviera. Pero esta vez fue distinto.
Desde el piso 25, mientras el edificio oscilaba y su esposa rezaba a su lado, por unos instantes no supieron qué podía suceder. Después llegaron los llamados a la familia, la salida del edificio y el alivio de comprobar que estaban bien.
El miedo, sin embargo, permanecía. Horas después, mientras Colombia comenzaba a dimensionar las consecuencias del terremoto, Gabriel seguía intentando recuperarse del impacto.
Habían sido apenas unos minutos, pero para él y su mujer parecieron mucho más.

