Hay recetas que aparecen y cuesta elegir entre dos opciones. ¿Cheesecake o torta crumble? En Alemania encontraron una solución bastante tentadora: unir las dos preparaciones en una sola torta y sumarles fruta.
Así nació este Johannisbeer-Käsekuchen, una torta de queso con grosellas que se cocina en molde de budín y que tiene una particularidad fundamental: necesita pasar varias horas en la heladera antes de cortarse.
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Qué es el Johannisbeer-Käsekuchen
El nombre puede sonar complicado, pero la preparación es sencilla. Johannisbeeren significa grosellas y Käsekuchen, torta de queso. En este caso, la receta combina una base de masa quebrada con un relleno cremoso de queso, fruta y crumble.
La versión alemana lleva Magerquark, un queso fresco de muy bajo contenido graso, típico de la cocina alemana. Como no es un ingrediente fácil de conseguir en Argentina, se puede reemplazar por queso crema o queso untable firme.
El mascarpone también puede utilizarse, aunque dará como resultado un relleno más untuoso y con mayor contenido graso.
Cómo reemplazar las grosellas
Las grosellas aportan un sabor ligeramente ácido que contrasta muy bien con la dulzura del relleno. Como tampoco son una fruta fácil de encontrar durante todo el año en Argentina, podés reemplazarlas por frambuesas, arándanos o una mezcla de frutos rojos.
Una buena alternativa es utilizar frutos rojos congelados. En ese caso, no hace falta descongelarlos previamente: mezclalos directamente con la fécula de maíz antes de incorporarlos a la preparación.
La fécula ayuda a absorber parte del líquido que liberan las frutas durante la cocción y permite que queden mejor distribuidas.
Johannisbeer-Käsekuchen: ingredientes
Para la masa
- 300 g de harina
- 100 g de azúcar
- 150 g de manteca
- 1 huevo
- 1 cucharadita de polvo de hornear
- 1 pizca de sal
Para el relleno
- 500 g de queso crema o queso untable firme
- 400 ml de crema de leche
- 120 g de azúcar
- 1 cucharadita de esencia de vainilla
- 3 huevos
- 1 sobre de polvo para preparar postre de vainilla
Para completar
- 250 a 300 g de grosellas, frambuesas, arándanos o frutos rojos
- 1 cucharada de fécula de maíz
Cómo preparar este cheesecake alemán
- Prepará la masa. Colocá la harina, el azúcar, la manteca, el huevo, el polvo de hornear y la sal en un bowl. Integrá y amasá brevemente hasta obtener una masa homogénea.
- Reservá parte para el crumble. Separá un buen puñado de masa y mezclalo con 2 cucharadas de harina. Trabajalo con los dedos hasta obtener una textura más desgranada y reservá.
- Armá la base. Forrá un molde de budín de aproximadamente 30 cm con papel manteca. Cubrí toda la superficie interior con la masa, incluyendo la base y los laterales.
- Prepará la fruta. Mezclá las grosellas o los frutos rojos elegidos con la fécula de maíz.
- Hacé el relleno. Colocá el queso crema, la crema de leche, el azúcar, la vainilla, los huevos y el polvo para preparar postre de vainilla en un bowl. Batí solamente hasta integrar los ingredientes.
- Completá el molde. Volcá el relleno sobre la masa. Distribuí la fruta por encima y terminá con el crumble reservado.
- Horneá. Llevá a un horno precalentado a 175 °C, con calor arriba y abajo, durante aproximadamente 70 minutos.
- La paciencia es clave. Una vez que sale del horno, dejá enfriar completamente la preparación. Después, llevála a la heladera durante toda la noche.
Este último paso es fundamental: el relleno termina de tomar cuerpo con el frío y permite cortar la torta en porciones prolijas.
Un cheesecake diferente para preparar en casa
El resultado es una combinación de texturas: una base firme, un centro suave y cremoso, el toque ácido de los frutos rojos y una cubierta de crumble que aporta el contraste crocante.
Una receta alemana que, con algunos reemplazos sencillos, se puede adaptar perfectamente a los ingredientes que conseguimos en Argentina.