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“Tuve síntomas leves, creía que me estaba haciendo la cabeza y terminé internada por Coronavirus”

Hace una semana que Solana Diaz Cazaux (35) está internada en el CEMIC del barrio de Saavedra por Coronavirus. En un principio no le prestó atención a sus malestares porque no tenía fiebre (el síntoma que más se destaca del virus) y pensaba que era psicológico. En esta nota cuenta sus sensaciones y cómo lo está viviendo.
Aislada desde su habitación en el CEMIC de Saavedra, Solana se saca esta selfie para Para Ti.

Solana Diaz Cazaux, 35 años, es Diseñadora Industrial. Al cierre de esta nota permanecía internada en el CEMIC del barrio Saavedra con diagnóstico de covid-19, el virus que tiene en vilo al mundo entero y que nos puso en cuarentena a todos los argentinos.

“Hoy me siento muy bien. Esta mañana me hicieron el hisopado. Si me da negativo, en 24 horas me hacen otro y si sigue dando negativo, me dan el alta“, le cuenta Solana por teléfono a Para Ti. Se la nota entusiasmada: ella está cumpliendo una semana internada pero sabe que en la misma clínica hay 12 pacientes más con el mismo cuadro y entre ellos, una pareja que ya lleva tres semanas de internación.

El virus que viaja en avión

Solana había estado en Río de Janeiro, Brasil, con su novio, entre el 12 y 15 de marzo. “En ese momento en Brasil había menos casos que acá. Estuve súper atenta a lavarme bien las manos, usar alcohol en gel, ir a lugares con poca gente”, cuenta.

El recuerdo de las vacaciones en Río, antes de contagiarse de covid-19.

“El único lugar donde tuve miedo de contagiarme fue en Ezeiza, que cuando llegamos Migraciones Express no funcionaba bien, Migraciones “normal” estaba repleto, y nos comenzamos a amontonar en la fila. Nadie dejaba el espacio de un metro adelante, yo lo dejaba pero tenía gente por todos lados que tosía, estornudaba… ¿un asco! Ahí estuve 2 horas en el amontonamiento y creo que me enfermé ahí“, revela.

Solana sacó fotos en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza el día que llegó a Buenos Aires, para mostrarle a su familia el descontrol que había. Ella cree que ahí mismo se infectó.

“Pensé que era mi cabeza”

Solana nos cuenta que al principio no le dio importancia a los síntomas que iba teniendo porque ella esperaba la fiebre alta de la que todo el mundo habla. “Tuve todos los síntomas pero muy leves y no les di bola por pensar que eran psicológicos. Yo volví de Brasil el domingo 15 de marzo; el miércoles 18 y el jueves 19 de marzo, tuve dolor de garganta apenas me desperté y se me fue yendo, pero como suelo tener esos dolores, no le di importancia. El viernes y el sábado sentí que me faltaba el aire. Pero como justo había salido que Oriana Sabatini se había contagiado y tenía falta de aire, pensé que lo mío era de hipocondríaca. Además hace unos años tuve ataques de pánico y sentía que me faltaba el aire, pensé que era eso por el encierro y estar mirando noticieros todo el día”, cuenta.

Si bien cuando ella vino de Brasil aún no estaba estipulado que la gente que llegaba de ese país tenía que hacer cuarentena, Solana decidió aislarse por su cuenta. “Cuando vi lo que era el aeropuerto de Ezeiza, decidí hacer cuarentena aunque en ese momento Brasil no era un país de riesgo”, aclara. Ella vive con su novio, y después del viaje intentaron no compartir nada, ni toallas, tener cada uno los propios cubiertos, vasos. Tampoco mantuvieron relaciones sexuales por precaución. “Él es italiano, del norte de Italia, y había vuelto de visitar a sus papás el 23/2, justo cuando explotó todo allá, así que ya teníamos experiencia en cuarentena”, explica Solana.

El día que sonó la alarma

Tanto el domingo 22 de marzo como el lunes 23 de marzo, Solana tuvo dolor de cabeza. “Además, cuando pasaba de lugares más oscuros a más iluminados me molestaba (fotofobia) y también el volumen alto de la tele o si me hablaban fuerte, me molestaba. No tomé nada, porque no era para tanto, y además no me gusta tomar medicamentos”, cuenta.

“Mi familia me venía haciendo seguimiento telefónico de los síntomas (son médicos y bioquímicos), y como yo pensaba que era todo psicológico no les decía que sentía esas cosas porque sinceramente no las creía. Yo esperaba tener los síntomas fuertes, mucha tos, fiebre alta y nada de eso. Así que se sorprendieron porque no presentaba los síntomas “clásicos” que se ve en los folletos o en la tele”, señala Solana.

Ella pasó por todos los síntomas que describen en los noticieros, pero nunca tuvo fiebre alta. “El martes sentí que me cambió la voz, tenía mocos por atrás, no por la nariz sino que bajaban por la garganta, un moco muy espeso y molesto. Ese día a la tarde me sentí mal, llegué apenas a 37,5 y decidí llamar al WhatsApp del SAME. Ahí hablé con un bot que me hizo algunas preguntas y me pasaron con un doctor humano. Me hizo más preguntas y me llamó para hacerme más. Me dijo que en las próximas 24 horas me iban a ir a buscar con una ambulancia para hacerme los estudios y que estaría tres días internada. A las dos horas llegó la ambulancia”, relata Solana.

Solita y sola…

Sigue contando que “de la ambulancia se bajaron dos chicos súper protegidos, me hicieron salir y me pidieron que me colocara un barbijo y guantes, y que subiera a la ambulancia sin tocar nada. Vine con una mochila con pocas cosas pensando que era negativo, pero la escena de Ezeiza todavía resonaba en mi cabeza y era lo que me preocupaba. El miércoles a la tarde me dijeron que había dado positivo para Covid 19. En ese momento me entró el pánico porque lo que vemos en la tele no es muy feliz, pero acá me controlan varias veces al día y todos los estudios me fueron dando bien, eso me fue tranquilizando. Desde que llegué no me medicaron con nada”.

Internada y con barbijo.

Y Solana tenía miedo. “Mi terror era tener que estar internada. Además que mi familia no estaba muy de acuerdo con el viaje a Brasil, ahora decirles que tenía Coronavirus era un poco vergonzoso. Había escuchado que en los jóvenes no era tan grave pero el miedito siempre está. Mi miedo era que se agravara después con el correr de los días, pero como la RX me dio que mis pulmones estaban perfectos y acá me auscultan 3 veces al día y me dicen que no tengo “ni un ruidito” y tampoco tuve fiebre, me fui tranquilizando”, comenta.

Mientras tanto su novio no tuvo hasta el momento síntomas. “El Ministerio de Salud se comunicó conmigo para ver con quiénes había viajado, en qué asiento del avión, para comunicarles a todos y que estuvieran atentos a los síntomas”, dice.

Cuando le dieron el resultado, a Solana le dijeron que por protocolo la tenían que dejar internada, pero que si esto le hubiera ocurrido más adelante, seguramente sería una paciente para estar en casa con seguimiento domiciliario telefónico. “Yo intenté decirles que a esta cama la podía usar alguien que la necesitara más, que acá ponía en riesgo la salud de mucha gente y en mi casa no, pero no sirvió, me dejaron acá”, señala.

En cuanto a su experiencia internada, comenta que la soledad no le afecta tanto, lo que más impresión le da es que “los médicos intentan hablarme lo menos posible en persona, lo que me tienen que decir es todo por teléfono. Por ejemplo cuando tienen que entrar, me llaman antes, me dicen todo y me piden que me ponga el barbijo. Ahí entran y me revisan. Las enfermeras y chicas de limpieza también, pero ellas me dan un poco de charla, se ponen a una cierta distancia pero al menos me charlan un ratito. Todo lo que entra a la habitación no puede salir y si sale, va al incinerador. Quienes entran los hacen con esos mamelucos descartables, cofia, gafas, barbijo y cubre zapatos. Antes de salir tiran todo a la basura menos las gafas. Conmigo, que estoy bien, usan al menos 10 de esos trajes por día. Con alguien con respirador o que necesite más asistencia deben gastar el doble”, explica.

Solana, contenta, el día que le dieron de almorzar empanadas.

Ahora, Solana para el tiempo tranquila, “aproveché estos días para ver tele, leer un par de libros y aburrirme. Desde que era chiquita que no tenía tiempo para estar sin tener que hacer nada… al menos me sirvió para eso. Durante estos días hablé más con mi familia y amigos, aprovechando que todos tienen un poco más de tiempo disponible. Cuando le confirmaron el positivo para Covid 19, le pidió a su novio que le mandara ropa, golosinas y unos libros que hace mucho quería leer y nunca tenía tiempo. Me los mandó con una moto de mensajería porque él tampoco puede salir. “Las enfermeras se coparon y fueron abajo a recibir el paquete. A mi novio le había pedido un peine, porque me lo había olvidado y él también se lo olvidó, así que estoy hecha un desastre”, aclara divertida.

Todavía no sabe cuándo le darán el alta. Ella espera tener buenas noticias con el hisopado de hoy y el de mañana. Y dice: “Me dijeron que voy a ser inmune, así que voy a ser la encargada de salir a hacer las compras”.

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