A partir de los 25 años, la piel empieza a producir menos colágeno y ácido hialurónico. Esa falta progresiva se nota: la piel pierde volumen, se ve más fina y marca las líneas de expresión más rápido. Muchas veces, para compensar, sumamos productos nuevos sin darnos cuenta de que el problema no es la cantidad, sino el orden.
Ahí aparece el ácido hialurónico como uno de los activos más estratégicos para devolverle a la piel ese nivel de hidratación que necesita para verse luminosa y con elasticidad. Pero no todo es cuestión de aplicarlo y listo. La dermatóloga Lourdes Moreno, fundadora de Laluz, explica que su eficacia depende en gran parte de cuándo y cómo lo usamos. Según ella, este activo “va a trabajar directamente la hidratación en profundidad”, motivo por el cual debe ir en primera posición dentro de la rutina. Aunque parezca un detalle menor, si se usa en el momento equivocado o sobre una piel completamente seca, puede generar el efecto contrario y acentuar la sensación de deshidratación.
Muchos mitos giran alrededor del ácido hialurónico, como la idea de que “con que esté en algún producto alcanza” o que “cuanto más denso, mejor funciona”. La verdad es que lo fundamental es la aplicación correcta, más que la cantidad de fórmulas que incluyas.

Primero, entendé qué hace realmente el ácido hialurónico
Antes de ajustar tu rutina, vale recordar que el ácido hialurónico actúa como una molécula humectante capaz de atraer agua y retenerla dentro de la piel, algo clave para que se vea más turgente y elástica. Cuando está bien hidratada, las líneas finas se suavizan, el rostro recupera esa apariencia “de rebote” y la barrera cutánea funciona mucho mejor. Eso se traduce en menos irritación, menos tirantez y más luminosidad.
Lourdes Moreno destaca que este ingrediente aumenta la sensación de confort casi de inmediato, porque aporta volumen, jugosidad y una hidratación visible, especialmente cuando las arrugas están marcadas por deshidratación. Por eso no es un activo accesorio: es la base que hace que todo lo demás, desde los sérums antioxidantes hasta las cremas más nutritivas, trabaje mejor.
Por qué tiene que ir primero en tu rutina
Pensalo como un paso preparatorio. Una piel bien hidratada recibe mejor los activos y los tolera más. El ácido hialurónico cumple justamente esa función: acondiciona, suaviza y prepara la superficie para que los productos que vienen después —como vitamina C, niacinamida, retinoides o despigmentantes— lleguen más profundamente y actúen con mayor eficacia.
Según la especialista, este ingrediente “atrampa el activo y lo lleva a capas más profundas de lo que podría llegar por sí mismo”. Por eso va después de la limpieza y antes de cualquier otro sérum. Si lo dejás para el final o lo aplicás sobre una crema pesada, queda como “encapsulado” y no logra su función principal. En cambio, cuando la piel está recién humedecida, logra penetrar mejor y permanece donde realmente tiene que trabajar.
Aplicarlo sobre piel húmeda: el verdadero truco
Este es el punto que suele marcar la diferencia. Lourdes remarca que el ácido hialurónico “es una molécula de humedad muy interesante porque atrapa el agua y aporta volumen”. Pero para que eso funcione correctamente, necesita que la piel esté húmeda antes de aplicarlo. Si la piel está completamente seca, la molécula va a buscar agua de donde pueda, incluso de capas más profundas. El resultado es una sensación de tirantez que muchas personas confunden con “piel seca”, cuando en realidad es un problema de aplicación.
En cambio, cuando lo aplicás apenas después del tónico o con la piel todavía húmeda tras la limpieza, el ingrediente capta esa humedad y la retiene. La piel queda más suave, flexible y cómoda, y además preparás el terreno para que el resto de la rutina actúe con más eficacia. Después del ácido hialurónico, siempre conviene sellar con una crema o emulsión que mantenga esa hidratación por más tiempo.
Cómo potencia al resto de tu rutina de skincare
El ácido hialurónico no solo hidrata: también acompaña a los otros ingredientes para que funcionen mejor. Al atraer agua y mejorar la permeabilidad de la superficie, ayuda a que los productos que vienen después se absorban de manera más pareja y profunda. Esto se nota especialmente cuando usás activos fuertes como la vitamina C por la mañana, o retinoides por la noche, porque la piel se siente más contenida y menos irritable.
Si estás armando o ajustando tu rutina, una estructura efectiva podría incluirlo como primer sérum mañana y noche. Por la mañana, prepara la piel para el antioxidante y el protector solar. Por la noche, evita que los tratamientos más potentes generen incomodidad o tirantez. Y siempre, ante cualquier duda o si tu piel está muy sensibilizada, conviene chequear la rutina con tu dermatóloga para adaptar cada paso a tu tipo de piel y tus necesidades actuales.
El ácido hialurónico puede transformar tu rutina si lo incorporás correctamente: primero después de la limpieza, sobre la piel húmeda y antes de cualquier otro sérum. Usado así, hidrata en profundidad, suaviza líneas, refuerza la barrera cutánea y potencia los activos que vienen después. Y si tenés dudas sobre qué producto elegir o cómo combinarlo con otros pasos, hablar con un especialista en dermatología siempre es la forma más segura de personalizar tu cuidado diario.
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