El delineador es mucho más que una raya negra en el párpado; es la herramienta de precisión que define quién sos ese día. Con un solo trazo podés levantar la mirada, darle estructura al rostro o transformar un look de oficina en uno de noche. La clave no está en seguir una moda rígida, sino en entender cómo los pigmentos juegan a favor tuyo para que tus ojos sean los verdaderos protagonistas.
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El delineado ideal es ese que se integra a tu mirada y potencia tu expresión natural sin esfuerzo.
El secreto detrás de un trazo con sentido
¿Alguna vez sentiste que el delineador te "pesaba" o te hacía el ojo más chico? Eso pasa porque, a veces, lo usamos por inercia. Como explica la experta Inma Novillo, "el delineador de ojos es un recurso de precisión que transforma por completo la mirada. Aporta definición, profundidad y estructura, enmarcando el ojo y potenciando su forma natural o reinventándola".

No se trata solo de marcar el borde, sino de crear una arquitectura. Según Novillo, "una línea bien trazada puede levantar el párpado o cambiar la expresión en segundos". El mito a desterrar es que necesitás un pulso de acero: el secreto es la postura y el paso a paso, no la velocidad.
Encontrá el tono que enciende tu color de ojos
Elegir el color adecuado funciona como un filtro de intensidad natural. Si bien el negro es un básico eterno, existen tonalidades que funcionan como un imán para tu iris. Inma Novillo asegura que el tono justo "no solo complementa el iris, lo amplifica". Tomá nota de estas combinaciones:

- Ojos azules: Los tonos cálidos son tus mejores aliados. Probá con el cobre, el bronce o un marrón rojizo. Al ser opuestos al azul en el círculo cromático, hacen que el celeste de tu mirada vibre con muchísima más fuerza.
- Ojos verdes: Si querés un efecto espectacular, buscá los ciruelas, bordós y violetas. Estos pigmentos resaltan el matiz esmeralda de forma inmediata.
- Ojos marrones: Sos la más afortunada porque todo te queda bien. Pero si buscás un contraste sofisticado, animate al verde oliva, al dorado o al azul marino. Suman un toque de distinción sin ser demasiado disruptivos.

Dominá la técnica y amigate con el espejo
Para que el eyeliner no sea una batalla diaria, cambiá la forma de mirarte. Colocá un espejo a la altura del pecho y mirá hacia abajo. Esta postura tensa el párpado de forma natural y te deja el camino libre para trabajar. No intentes hacer la línea de un solo tirón; empezá con puntos pequeños o trazos cortos bien pegados al nacimiento del pelo y andá uniéndolos de a poco.

Si ya pasaste los 40 o 50, el delineador es tu mejor herramienta de rejuvenecimiento. La maquilladora Stevi Christine señala que, con el tiempo, las pestañas se afinan, y un buen delineado en las raíces devuelve esa plenitud perdida. En este caso, reemplazá los líquidos negros por lápices cremosos o geles en tonos más suaves. Difuminá el trazo para evitar bordes duros que marquen líneas de expresión. Buscá fórmulas con vitamina E o aceite de ricino; si el producto no se desliza suave, no tiene lugar en tu neceser.
Un nuevo enfoque para tu rutina
Maquillarse es, ante todo, un acto de autoconocimiento. Probar un tono ciruela o un bronce puede ser el cambio sutil que necesitabas para verte diferente frente al espejo. No busques la perfección de una foto de revista, buscá esa definición suave que abra tu mirada y te haga sentir cómoda. Elegí texturas que trabajen con vos y no contra vos, y permitite jugar con los colores hasta encontrar ese que, apenas lo aplicás, te hace decir: "esta soy yo".

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