Cada 19 de febrero se celebra el Día de las Pestañas para destacar su importancia tanto en la salud ocular como en la estética facial: entender cómo son las tuyas y qué necesitan para lucirse, es el primer paso para que se vean mejor.
Lo primero: no todas tus pestañas necesitan lo mismo
Puede parecer obvio, pero muchas veces se pasa por alto: no todas las pestañas responden igual a los mismos productos o técnicas. Hay pestañas más cortas, otras largas, algunas rectas y otras que ya tienen curvatura natural. También cambia la densidad: pueden ser más finitas o más abundantes.

El error más común es usar siempre la misma máscara sin mirar qué necesitás realmente. Si sentís que no te quedan como esperabas, no es que “no te funciona”: probablemente no es la indicada para vos.
Un tip simple para conocerte mejor: mirate de perfil en el espejo. Ahí vas a ver si son rectas o curvadas, cuánto largo tienen y cuán pobladas están. Ese mini diagnóstico ya te da una pista clara de por dónde empezar.
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Una vez que entendés cómo son, elegir la máscara se vuelve mucho más fácil. No se trata de reglas rígidas, sino de ajustar lo que usás a lo que querés lograr.

Si las sentís rectas, probá con cepillos curvos. Te ayudan a levantar desde la raíz y dar forma sin depender tanto del arqueador. Además, suelen permitir trabajar mejor la intensidad: podés sumar volumen o alargar según cómo los uses.
Si son cortas, buscá aplicadores más finos o en forma de cono. Llegan mejor a cada pestaña, incluso en la zona interna del ojo, y logran un efecto más abierto. En estos casos, las fórmulas que envuelven la pestaña y la “estiran” visualmente pueden hacer la diferencia.

Si ya son largas, el foco cambia: sumá volumen sin sobrecargar. Los cepillos más densos ayudan a dar cuerpo y a que se vean más intensas sin perder su largo natural.
Y si sentís que te falta un poco de todo (largo y volumen), elegí cepillos finitos, con cerdas bien definidas. Te van a dar control, precisión y un acabado más prolijo desde la raíz hasta la punta.
Tratamientos: qué tener en cuenta antes de decidir
Cuando buscás un cambio más visible, aparecen opciones como extensiones o pestañas postizas. Funcionan, pero también requieren cuidados.

Según explican especialistas, trabajar tan cerca de los ojos implica riesgos si no se hace con la técnica adecuada o en espacios habilitados. Las extensiones, por ejemplo, pueden debilitar la pestaña natural si no se respetan los tiempos de descanso o si el peso es excesivo.
Además, hay factores clave que no podés pasar por alto: la higiene del lugar, la calidad de los productos y la experiencia de quien realiza el procedimiento.
Si estás pensando en algo más duradero, lo ideal es que lo evalúes con profesionales y que priorices siempre la salud de tu pestaña natural antes que el efecto inmediato.
La opción más suave que está ganando lugar
Entre las alternativas más nuevas, el lifting coreano aparece como una opción más respetuosa con la pestaña.

La diferencia principal está en el enfoque: no busca solo curvar, sino trabajar sobre la salud de la pestaña. Este método evita el uso de pegamentos tradicionales y utiliza pads adhesivos más finos, lo que permite una aplicación más precisa y menos invasiva.
Además, incorpora productos que ayudan a nutrir la pestaña mientras se trabaja su forma. El resultado es una curvatura más natural, con efecto de mayor longitud y definición, pero sin sumar peso ni estructuras externas.
En general, el efecto dura entre 6 y 8 semanas, dependiendo de tu ciclo de crecimiento y de cómo las cuides después. Es una opción interesante si querés simplificar tu rutina diaria sin resignar un buen resultado.
Una mirada que se adapta a vos
No hay una única forma de llevar las pestañas. Podés elegir un maquillaje más marcado, algo súper natural o sumar un tratamiento que te simplifique el día a día.
Lo importante es que lo que elijas acompañe tu estilo y tu ritmo. Probá, ajustá y quedate con lo que te resulte cómodo. Porque cuando entendés lo que necesitan tus pestañas, todo lo demás se vuelve mucho más simple.

