Pequeños ajustes en sombras, eyeliner y máscara pueden cambiar por completo cómo se ve tu mirada.
Por qué el maquillaje de ojos también evoluciona con vos
A medida que pasan los años, aparecen líneas de expresión y zonas con menos firmeza, especialmente en los párpados. Eso no significa “tapar” nada, sino aprender nuevas estrategias. Ya no aplicás la sombra igual, ni dibujás el delineado con la misma intención. Y está bien.

Goyo Acevedo, maquillador de famosas y embajador de una firma de lujo beauty, lo resume así: “Más que la edad, lo importante es la personalidad de cada mujer. Tengo clientas mayores con un estilo muy rockero y jóvenes con un enfoque más suave y natural”. La clave está en acompañar lo que sos hoy, no en repetir fórmulas del pasado.

Un mito frecuente: creer que ciertos tonos “ya no van”. En realidad, todo depende del color del ojo, del estilo personal y de cómo los trabajes.
Sombras que iluminan (y cómo modular su intensidad)
Si buscás un ojo más abierto y fresco, Acevedo recomienda apostar por sombras en crema o en stick: no marcan líneas finas y son fáciles de difuminar. Un combo que no falla es aplicar primero la textura cremosa y sellar suavemente con polvo.

Para el día a día, probá tonos champán o claros en el centro del párpado y sumá máscara de pestañas generosa. “Con sombras en stick en tonos claros y mucha máscara, no hay equivocación”, asegura.
Los colores potentes también tienen lugar: marrón, vino o incluso negro pueden funcionar si tu estilo lo acompaña. En ojos claros, los tonos oscuros realzan el iris y aportan brillo. En ojos pequeños y oscuros, conviene llevar el tono intenso solo desde la mitad del ojo hacia afuera y dejar claros desde la pupila al lagrimal para agrandar visualmente.

Un dato práctico: hoy se imponen los tonos fríos y grises, mientras que los cálidos pierden protagonismo. Y si querés sumar luz sin recargar, un toque estratégico de polvos bronceadores ayuda a corregir y dar dimensión.
Delineado, pestañas y pequeños gestos que levantan la mirada
El error más común con el eyeliner es que quede desigual. El truco profesional: arrancá con lápiz marrón y después repasá con negro, más fino. Así disimulás imperfecciones y el resultado se ve más prolijo. Además, evitá delinear todo el ojo: un trazo corto, ascendente y bien pegado a las pestañas alarga la mirada sin hundirla.
En ojos caídos, sumá intensidad abajo y no cargues de más el párpado superior. En ojos grandes, cuidá que el delineado no caiga hacia abajo. Difuminar el final con un hisopo crea ese efecto apenas “sucio” pero trabajado que se usa tanto.

Para pestañas más densas sin apelmazar, aplicá una capa, dejá secar y repetí. Entre capa y capa, pasá un goupillon limpio para separarlas.
¿Querés un efecto lifting rápido sin mucho producto? Acevedo lo tiene claro: hacer bien las correcciones y colocar los puntos de luz con tonos claros cambia todo.
Y un extra que vuelve con fuerza: el perfilador de labios. Hoy se lleva ligeramente por fuera del labio superior, con bordes difuminados, para lograr volumen y dimensión sin rigidez.
Animate a probar
Maquillar los ojos en etapas más maduras no es limitarse: es descubrir nuevas texturas, jugar con la luz y adaptar técnicas a lo que tu piel necesita hoy. Con pequeños cambios —una sombra más cremosa, un delineado más corto, pestañas bien trabajadas— podés transformar tu mirada sin perder tu identidad. Probá, ajustá y quedate con lo que va con vos.


