Cuando entendés qué hacen (y qué no) las siliconas, elegir productos deja de ser una fuente de ansiedad.
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Por qué se instaló la idea del “plástico que asfixia”
Desde hace tiempo, el “libre de siliconas” se convirtió en sinónimo automático de salud. El mensaje se repite tanto que termina creando una verdad simplificada: que las siliconas “asfixian” o “sellan” el pelo. Según explica Buscaglia, ese temor mezcla marketing con experiencias pasadas. Hubo fórmulas antiguas más pesadas, sistemas de limpieza poco eficaces y un discurso que necesitaba un enemigo claro.
Un dato clave: las siliconas no nacen del petróleo. Su base es la sílica, un mineral que se obtiene de la arena. Para volverla estable y usable en cosmética se usan procesos industriales complejos, pero eso no convierte al ingrediente final en “plástico líquido”. “El origen de un proceso no define cómo funciona el material terminado”, aclara.
Y otro mito frecuente: el pelo no “respira”. La fibra capilar está muerta. Así que no hay nada que asfixiar.
Qué hacen realmente en tu pelo (y cuándo pueden molestar)
En cosmética capilar, las siliconas actúan como escudos flexibles. Acompañan el movimiento del pelo y cumplen funciones concretas:
- reducen la fricción
- ayudan a conservar la hidratación
- protegen del daño mecánico y térmico
- mejoran la peinabilidad y el tacto
No forman capas rígidas ni bolsas herméticas. Lo que sí hacen es bajar el desgaste cotidiano: cepillado, calor, roce, manipulación.
¿Pueden generar problemas? No dañan la estructura del pelo ni “arruinan” la fibra. Lo único que puede pasar -con siliconas o con cualquier otro ingrediente- es una acumulación cosmética si usás fórmulas pesadas que no van con tu tipo de pelo o si no hay una limpieza acorde. Eso se siente como peso o falta de respuesta. No es daño real: es una señal de que ese producto no es para vos.
Como resume Buscaglia, “no todas las siliconas son iguales”. Hay distintos tipos, con comportamientos y funciones diferentes. El punto no es demonizar un ingrediente, sino mirar la fórmula completa y para quién está pensada.
Cómo elegir sin miedo y con criterio
Si estás revisando tu rutina, tené en cuenta esto:
- Usá productos que acompañen tu textura y tu nivel de daño.
- Si sentís el pelo pesado, probá alternar con una limpieza más profunda.
- Prestá atención a cómo responde tu pelo, no solo a lo que dice la etiqueta.
- Elegí desde la información, no desde el pánico beauty del momento.
También vale sumar una mirada más amplia: reducir el impacto ambiental de un cosmético no depende de un solo ingrediente. Envases, tapas, etiquetas, energía de producción y logística también cuentan. La conciencia real no pasa por prohibir, sino por entender el sistema completo.
Elegir con información cambia la experiencia
Saber cómo funcionan los ingredientes baja la ansiedad y amplía opciones. No todo lo “natural” es mejor, ni todo lo “sintético” es dañino. Cuando entendés, dejás de elegir desde el miedo. Y la belleza vuelve a ser un espacio de cuidado, no de culpa.
Fuente: Georgina Buscaglia, especialista en color y cuidado del cabello- @exhalapeluqueria

