Ubicado en Reconquista y Bartolomé Mitre, en pleno microcentro porteño, el ex Banco de Londres es uno de los edificios más admirados de la arquitectura moderna argentina. Diseñado por Clorindo Testa junto al estudio SEPRA, se inauguró en 1966 y rápidamente se convirtió en un punto de inflexión para el brutalismo local.
En una nueva edición de Historias de Cemento, junto a Cementos Avellaneda, redescubrimos su presencia imponente, su juego de llenos y vacíos y su relación directa con la calle, aspectos que lo transformaron en una de las obras más relevantes del siglo XX en la ciudad.

El origen del ex Banco de Londres Buenos Aires
El proyecto nació a partir de un concurso internacional convocado por el banco en 1959. La propuesta ganadora rompió con toda lógica bancaria convencional: en lugar de un volumen hermético, Testa planteó una plaza interior que funcionaba como extensión del espacio público. Esta decisión transformó al edificio en un organismo dinámico, donde la luz natural, las diagonales y las pasarelas generaban una experiencia sensorial única.
Sin dudas, la estructura de hormigón armado es protagonista absoluta. Grandes vigas, columnas perforadas y muros escultóricos conforman una estética brutalista cruda y expresiva. Su interior, pensado como un recorrido visual constante, alterna zonas de altura monumental con planos íntimos, reforzando esa dualidad entre lo institucional y lo urbano.

Un Monumento Histórico que sigue definiendo el paisaje porteño
En 1999, el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional, un reconocimiento que subraya su valor patrimonial y su aporte al paisaje del microcentro. A diferencia de otras construcciones de la época, el ex Banco de Londres dialoga con el peatón, abre su planta baja a la ciudad y permite que el interior se perciba desde la calle.

Hoy funciona como sede del Banco Hipotecario, pero conserva la esencia del proyecto original. Su impronta brutalista sigue marcando tendencia, inspirando fotógrafos, arquitectos y estudiantes que lo consideran una obra maestra del hormigón. Desde su fachada rugosa hasta su interior casi cinematográfico, el edificio es una invitación a redescubrir cómo la arquitectura se convierte en una parte ineludible de la narrativa urbana.
