En Avenida Figueroa Alcorta 3351, ocupando una manzana completa entre Ortiz de Ocampo, Martín Coronado y San Martín de Tours, se alza uno de los edificios más excéntricos de Buenos Aires. Hoy convertido en un complejo de viviendas de alta categoría y espacios comerciales, el Palacio Alcorta supo ser el “Edificio Chrysler” y, más sorprendente aún, un verdadero palacio con autódromo propio en la terraza.
En esta entrega de Historias de Cemento, la sección que pone en valor las construcciones emblemáticas junto a Cementos Avellaneda, recorremos la historia de este gigante proyectado por Mario Palanti, autor también del Palacio Barolo y el Palacio Salvo, cuya impronta monumental volvió inconfundible cada una de sus obras.

Historia y arquitectura de un palacio para autos
El edificio fue proyectado en 1927 por el arquitecto milanés Mario Palanti para la Concesionaria Resta Hermanos, representante de la marca Chrysler en la Argentina. La construcción estuvo a cargo de la empresa de Federico Bence y fue inaugurada el 1° de diciembre de 1928. Desde el inicio se lo promocionó como el primer “Palacio Autódromo”, un concepto que sintetizaba lujo, modernidad y espectáculo en plena expansión del automóvil como símbolo de progreso.
Su rasgo más extraordinario era la pista circular de pruebas ubicada en la terraza, conocida como “Estadio Olimpo”. La base era cóncava para generar el peralte necesario y permitir que los vehículos giraran a gran velocidad. Además, el diseño incluía gradas con capacidad para 3.000 espectadores, convirtiendo las pruebas en verdaderos eventos sociales y deportivos. En los niveles inferiores funcionaban las oficinas comerciales, el sector de ventas, talleres, cocheras y áreas de fabricación de repuestos.

La idea de una pista en altura no era completamente aislada en el mundo: el antecedente más célebre era el Lingotto de Fiat en Turín, diseñado por Giacomo Mattè-Trucco entre 1916 y 1923, con una pista de 2,4 kilómetros en su terraza. Allí, el proceso productivo ascendía piso por piso hasta culminar en la prueba final en el techo. En Buenos Aires, Palanti reinterpretó esa lógica industrial y la adaptó a una concesionaria urbana, transformando la manzana en una pieza arquitectónica de fuerte impronta italiana y espíritu futurista.
Curiosidades, transformaciones y presente
El esplendor como concesionaria fue breve. En 1931, Resta Hermanos quebró y fue absorbida por Fevre y Basset. Con ese cambio comenzó el declive de la pista, que quedó en desuso y perdió su función original. Con el tiempo, el edificio fue ocupado por el Comando de Arsenales del Ejército Argentino y el Registro Nacional de Armas, una etapa que lo alejó por completo de su carácter innovador y público.
En 1993, el Ejército lo llevó a remate a través del Banco Ciudad, promocionándolo como “la manzana más cara de la ciudad”. Hubo propuestas para transformarlo en shopping, lo que generó una fuerte resistencia de los vecinos de Palermo Chico. Finalmente, en 1994, la empresa IRSA encaró su reconversión definitiva: el estudio MSGSSS realizó una remodelación integral que dividió el gran espacio interior en lofts y oficinas de lujo. La antigua pista fue demolida y en su lugar se construyó un jardín interno con pileta de natación, resignificando el corazón del edificio.

Ese mismo año abrió en planta baja el Museo Tecnológico Renault, impulsado por Manuel Antelo, entonces titular de Renault Argentina. El espacio, que combinaba exhibición de autos históricos con propuesta gastronómica, se convirtió en un punto de encuentro durante los años 90 y cerró a comienzos de 2011. Hoy el sector comercial funciona bajo la marca La Dolfina, con local, bar y restaurante, además de la exhibición de sus trofeos y camisetas.
De símbolo del auge automotor a enclave residencial premium, el Palacio Alcorta atravesó casi un siglo de transformaciones sin perder su carácter icónico. Su silueta maciza y su historia insólita —con autos rugiendo sobre la terraza— lo mantienen como una de las piezas más singulares del patrimonio porteño, un recordatorio de cuando la arquitectura soñaba en grande y convertía una concesionaria en espectáculo.