La inteligencia artificial ya no es una promesa del futuro ni una curiosidad tecnológica; es parte del living de casa y de la mochila de los chicos. Sin embargo, mientras muchas instituciones todavía se debaten entre el miedo y la prohibición, un grupo de escuelas argentinas decidió tomar las riendas. De cara al inicio del ciclo lectivo 2026, la consigna es clara: hacerse cargo de la IA con fines pedagógicos antes de que su uso sin supervisión se transforme en un conflicto dentro del aula.
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La realidad es contundente. Según datos recientes de organismos internacionales como UNICEF y UNESCO, más del 70% de los estudiantes secundarios en América Latina ya utilizan herramientas de IA generativa para resolver tareas, estudiar para exámenes o despejar dudas. El problema radica en que, en la gran mayoría de los casos, este uso ocurre sin guía adulta ni criterios pedagógicos claros.
En Argentina, esta tendencia avanza a una velocidad que muchas veces supera la conversación institucional. "Todavía es temprano para hablar de resultados académicos", explica Daniela Buján, especialista en tecnología y educación. Sin embargo, la experta destaca que lo relevante hoy es la decisión política y educativa de las escuelas: "Estas instituciones ya tomaron una decisión pedagógica: hacerse cargo del uso de la inteligencia artificial antes de que se transforme en un problema".
Auroria: una respuesta local al vacío pedagógico
Para dar este paso, varias escuelas de la Ciudad de Buenos Aires comenzaron a trabajar con Auroria, la primera y única plataforma de inteligencia artificial pedagógica desarrollada íntegramente en Argentina. Esta herramienta surge para llenar un vacío que herramientas abiertas como ChatGPT o Gemini no cubren, ya que estas últimas no distinguen edad, contexto ni objetivos educativos, y suelen entregar respuestas cerradas que no siempre invitan a la reflexión.
"La discusión ya no es si los chicos van a usar inteligencia artificial, porque ya lo hacen, sino si lo van a hacer solos, sin filtros ni criterio, o acompañados por la escuela", señala Buján. Para la especialista, el desafío es encontrar el punto medio justo: "Prohibir no educa, pero dejar hacer sin guía tampoco".
Enseñar a pensar vs. copiar respuestas
El riesgo de un uso mal orientado es real. Estudios recientes del MIT y de diversas universidades europeas advierten que el uso intensivo de IA sin mediación puede reducir la actividad cognitiva relacionada con la memoria y el razonamiento, especialmente cuando se usa como un simple atajo. En la vereda opuesta, modelos de países como Finlandia y Canadá demuestran que, con marcos claros, la IA potencia la autonomía y el aprendizaje personalizado.
En este contexto, las escuelas que ya integran esta tecnología definieron usos específicos:
- Como extensión del acompañamiento escolar fuera del horario de clase.
- Como herramienta guiada frente a consignas académicas complejas.
- Como apoyo para mantener la continuidad pedagógica ante la ausencia de un docente.
- Como un espacio para aprender a "pensar con la IA", priorizando el análisis por sobre la copia.
Pruebas piloto y próximos pasos
Actualmente, una institución ya opera bajo una modalidad piloto y otras se sumarán durante este mes de febrero. Se espera que, con el inicio formal de las clases en marzo, se firmen acuerdos definitivos y empiecen a conocerse los primeros testimonios de alumnos y docentes sobre esta implementación pionera.
El camino recién empieza, pero la meta está clara: integrar la tecnología de forma segura, ética y, sobre todo, humana, validando la experiencia de una generación que ya nació con la inteligencia artificial al alcance de un clic.
Fuente: Daniela Buján, especialista en tecnología y educación y cofundadora de Auroria, la primera plataforma de inteligencia artificial pedagógica desarrollada en Argentina.

