El regreso a la escuela implica mucho más que retomar un horario: supone volver a demandas cognitivas, emocionales y sociales que durante las vacaciones suelen relajarse. La escuela exige atención sostenida, tolerancia a la frustración, separación de los cuidadores y organización de tareas; por eso la transición puede generar ansiedad, irritabilidad o desgano en muchos niños.
Desde una mirada terapéutica, la rutina funciona como un andamiaje que regula el sistema nervioso y la conducta, reduce la incertidumbre y facilita la autorregulación. No se trata de imponer un horario rígido sin sentido, sino de ofrecer un marco predecible que permita al niño saber qué viene después y sentirse más seguro. Si los adultos sostienen ese marco con empatía y coherencia, la rutina tiene más posibilidades de dejar de ser una imposición y transformarse en un apoyo para la autonomía.
Durante las vacaciones los niños experimentan mayor libertad y menos exigencias externas; volver a responsabilidades puede sentirse como una pérdida de autonomía. Para ellos, el cambio no es solo práctico sino emocional: puede aparecer tristeza por lo que se deja atrás, miedo a lo desconocido o resistencia ante la idea de tener menos tiempo para jugar. Validar esas emociones es clave: cuando un adulto reconoce que extrañar la libertad es legítimo, el niño se siente escuchado y baja su nivel de alerta. A partir de ahí, la planificación y la comunicación clara ayudan a equilibrar expectativas: explicar qué va a cambiar, qué seguirá igual y qué apoyos habrá en el camino reduce la incertidumbre y facilita la adaptación.

La preparación para la vuelta al cole puede organizarse en pasos suaves y coherentes. Podés anticipar el regreso hablando en casa varios días antes y usar recursos concretos, por ejemplo un calendario visual para que los más chicos vean los pasos hasta el primer día; esto transforma una idea abstracta en algo más manejable. En paralelo, una opción es reajustar los horarios de sueño y de comidas de forma progresiva: adelantar la hora de dormir y de levantarse 15 o 30 minutos cada pocos días para que el cuerpo se readapte sin choque. Podés también simular la rutina escolar en los últimos días, con un desayuno similar al de los días de clase y si se puede un breve tiempo de estudio o lectura, para ayudar a que la mente vaya asimilando la rutina.
Es recomendable establecer reglas claras acompañadas de afecto: podés explicar por qué hay horarios y responsabilidades, mantener un tono empático y sostener pequeños rituales de conexión que refuercen la seguridad emocional. Para facilitar la organización práctica, una alternativa es preparar la mochila y la ropa la noche anterior e involucrar al niño en esas decisiones para aumentar su sentido de control. Además, externalizar las tareas en listas visuales o pictogramas convierte la responsabilidad en algo visible y alcanzable.
Consejos prácticos para la vuelta a clases
La vuelta al cole no necesita convertirse en un campo de batalla. Con pequeños gestos y decisiones conscientes, los adultos pueden transformar la transición en un proceso más liviano y hasta enriquecedor. Te dejamos 5 tips para repasar:
- Anticipar con sencillez: hablar unos días antes y mostrar qué viene ayuda a que el cambio no sorprenda.
- Ajustar de a poco: mover horarios de sueño y comidas en pasos cortos suaviza la adaptación.
- Crear rituales afectivos: un abrazo, una frase o un gesto especial cada mañana y cada regreso refuerzan la seguridad.
- Darles participación: ayudar a preparar la mochila les da sensación de control, que algunas elecciones sean realizadas por ellos.
- Modelar calma: tu serenidad es el mejor espejo para que ellos enfrenten el día con confianza.
Finalmente, considerá mantener una actitud flexible y observadora para ajustar la velocidad del cambio: si aparece mucha resistencia, podés reducir el ritmo y volver a pasos más pequeños. También es una buena idea coordinar con la escuela para que el equipo docente acompañe la transición cuando sea necesario.
Por Micaela Sena. La autora es acompañante terapéutica y psicopedagoga.
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