En pleno Palermo, donde el sol se filtra entre terrazas y la brisa de primavera susurra nuevos comienzos, muchas mujeres sienten que su reflejo ya no les pertenece. No es cuestión de falta de tratamientos: es la falta de una mirada que las escuche.
Guillermo lo sabe: “No hay carilla que ilumine una sonrisa cuando la persona que la lleva ya no se siente reconocida”, afirma con voz pausada. Gustavo lo confirma: “Ni el mejor bisturí puede devolver la luz a una mirada si esa mujer no se siente vista”.


Dos rutas independientes que hoy convergen
Aunque cada uno ejerce en su campo —Guillermo en odontología estética e integral (su consultorio “DG” en Palermo) , y Gustavo en cirugía plástica estética y reparadora —, ambos coinciden en algo: la estética hoy es un acto de autenticidad.
- Guillermo dialoga con la sonrisa como epicentro de bienestar, salud oral y armonía facial.
- Gustavo trabaja el rostro como mapa emocional, contorno y expresión de identidad.
“Nuestro trabajo no es borrar, sino ayudar a que la paciente se vuelva a ver con amor”, dice Guillermo. “Y para mí, la mujer que se anima a mirarse de frente ya empezó el verdadero cambio”, añade Gustavo.
Belleza que escucha
Esta alianza aborda la estética desde tres lentes importantes:
- Vulnerabilidad y coraje: aceptar que queremos algo más que vernos bonitas.
- Relación con uno mismo y con otros: cómo nos mostramos al mundo define cómo nos mostramos a quienes amamos.
- Propósito y autenticidad: una sonrisa o un contorno solo valen si vibran con lo que somos.
“Cuando recibimos a una mujer que quiere cambiar algo de su rostro, cuerpo o su sonrisa, lo primero que escuchamos es su historia”, comparte Gustavo. “Y una vez que la escuchás, todo el tratamiento cobra otro sentido”, completa Guillermo.

Experiencias reales, territorio femenino argentino
- Mujeres de 30 a 50 años que durante años priorizaron hijos, trabajo y obligaciones, y hoy se preguntan: “¿Y yo?”
- Emprendedoras, lideresas, creativas que sienten que su imagen no refleja lo que son por dentro.
- Pacientes que llegan con la sonrisa “correcta”, pero con un vacío emocional al mirarse al espejo o al hacer una videollamada.
Guillermo y Gustavo coinciden en que el tratamiento estético ya no es solo un lujo: es una forma de reconectar con la versión más auténtica de una misma.
“No hay sonrisa que ilumine si la mujer que la lleva ya no se siente libre”, dice Guillermo. “Y no hay contorno que realmente marque un cambio sin una mujer que dice: ‘este reflejo soy yo’”, concluye Gustavo.

Este verano, la belleza deja de tratarse solo de verse. Se trata de verse con luz, con voz propia, con amor. Y esa transformación empieza mucho antes de la camilla: empieza cuando te mirás y te reconocés.
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