La China Ansa y la operación de su hija: cómo acompañar a los chicos en una cirugía sin generarles miedo - Revista Para Ti
 

La China Ansa y la operación de su hija: cómo acompañar a los chicos en una cirugía sin generarles miedo

El testimonio de la China Ansa tras la cirugía de amígdalas de su hija abrió una conversación necesaria sobre cómo viven los chicos estas experiencias. Una pediatra explica qué decir, qué evitar y por qué el vínculo es clave.
Evangelina Cueto
Lifestyle
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Hay escenas que, aunque sean frecuentes en la práctica médica, no dejan de tener una potencia emocional enorme: un niño o una niña que entra a un quirófano. Incluso cuando se trata de procedimientos programados, con equipos entrenados y protocolos cuidados, la experiencia puede vivirse como algo disruptivo.

No solo para quien atraviesa la intervención, sino también para su familia. Esta semana, además, circuló mucho en redes el relato de Josefina Ansa, contando cómo fue acompañar a su hija en una intervención. Y algo de ese relato resonó especialmente: no fue ni dramático ni negador. Fue equilibrado, amoroso, honesto.

Nombró lo que pasaba sin sobreactuarlo ni minimizarlo. Y eso, en tiempos donde muchas veces la crianza queda atrapada entre extremos, es valioso de destacar. Porque ahí aparece una pregunta interesante: ¿qué cosas sí están en nuestras manos para amortiguar el impacto de una experiencia médica?

En pediatría sabemos que el modo en que un niño o una niña transita una situación de salud no depende únicamente de lo que ocurre en el cuerpo. También está profundamente mediado por lo que comprende, por cómo es acompañado y por el clima emocional que lo rodea.

La anticipación, el lenguaje, los gestos, los tiempos construyen sentido. Una de las herramientas más potentes —y a veces más subestimadas— es la conversación previa. Explicar lo que va a pasar no aumenta la angustia, la ordena. Los chicos y chicas suelen tolerar mucho mejor aquello que logran anticipar que aquello que aparece de manera abrupta o confusa.

Ahora bien, explicar no es abrumar con información técnica ni construir relatos fantasiosos para endulzar la situación. Es encontrar un punto de equilibrio: palabras claras, honestas, ajustadas a la edad y al momento. Pero además de las palabras, hay otro lenguaje igual de importante: el juego. El juego permite traducir lo que todavía no se puede decir del todo. Jugar a operar a un muñeco, armar con bloques un hospital, representar quién duerme, quién cuida, quién espera.

A través del juego, los niños ensayan, comprenden, ordenan. No es un recurso accesorio: es una vía central para procesar experiencias complejas. También hay algo del orden de los gestos que sostiene. Los rituales pequeños —llevar un objeto significativo al hospital, elegir juntos la ropa del día, acordar quién va a estar presente al despertar— funcionan como anclajes en medio de una situación que puede resultar extraña.

No cambian el procedimiento, pero sí cambian la vivencia. Los chicos, además, leen mucho más de lo que los adultos dicen. Perciben tensiones, silencios, miradas. Por eso, no se trata de construir una calma artificial, sino de poder tramitar las propias emociones para no depositarlas sin filtro.

Un adulto que puede reconocer lo que está pasando y, al mismo tiempo, transmitir confianza en el equipo de salud, ofrece un sostén mucho más sólido. Evitar ciertas frases también es parte del cuidado. Asegurar que no va a doler nada o reducir la situación a algo mínimo puede generar más incertidumbre si después no coincide con la experiencia real.

En cambio, anticipar que puede haber molestias y que existen recursos para acompañarlas y aliviarlas suele ser más reparador. Y hay algo más: el después importa. Poder poner en palabras lo vivido, validar emociones —reconocer que fue una experiencia movilizante— y reconstruir la experiencia ayuda a integrarla.

No se trata de que no deje huella, sino de que esa huella no quede en soledad. Prevenir el impacto no es evitar la incomodidad —porque hay situaciones que inevitablemente la traen— sino evitar que esa incomodidad quede sin sostén, sin traducción.

n un tiempo donde muchas cosas de la crianza parecen querer resolverse con control o con indicaciones cerradas, estas escenas nos devuelven a algo más esencial: el vínculo como herramienta de cuidado. Y en ese sentido, incluso en un quirófano, también se cría.

Fuente: Evangelina Cueto, médica pediatra.

 
 

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