"Le compré la casa de muñecas más grande, igual a la que siempre quise, pero… ¿y si a mi hija le gustan más los autos?", se pregunta Valeria André, autora del libro “ Madre en construcción “. Pero el trasfondo de la broma toca un tema universal: en estas fiestas, ¿estamos regalando lo que nuestros hijos desean o lo que nosotros soñamos en nuestra infancia?
Proyectar nuestros anhelos pasados en los regalos de Navidad es un fenómeno común y hasta natural, pero no siempre es saludable. Según un estudio de la American Psychological Association, un 65% de los padres admiten haber elegido regalos que ellos habrían querido de niños, sin considerar del todo los gustos actuales de sus hijos. “Te decís a vos misma que estás alimentando su creatividad, pero en realidad estás alimentando tus nostalgias”, bromea Valeria, quien aborda esta temática tanto desde su experiencia como mamá como desde su aguda mirada de comediante.
Los expertos en psicología infantil explican que esta práctica puede ser inofensiva si se hace de manera equilibrada, pero también puede generar presión en los niños. “Estamos diciendo que son regalos, pero llevan un mensaje: 'Este es mi sueño, y ahora es tu responsabilidad hacerlo realidad'”, comenta André. Y continúa: “¿Qué pasa si mi hijo me devuelve el set de química que yo quería con un 'gracias, pero yo prefiero un slime kit'? Ahí nos toca mirar para adentro”.
En un mundo donde las campañas navideñas bombardean con juguetes y dispositivos electrónicos cada vez más sofisticados, la pregunta se vuelve más relevante: ¿estamos eligiendo regalos que empoderan a nuestros hijos o que los condicionan? Según Valeria, la clave está en escuchar. “El problema no es regalar lo que vos querías de chica; el inconveniente es no regalar también lo que ellos quieren hoy. Si se trata de una PlayStation y no de un microscopio, que así sea. Mejor gamer feliz que químico frustrado”.
Y así volvemos a lo esencial: ¿qué significa regalar? ¿Cómo podemos transformar un presente en una experiencia que construya vínculos? ¿Estamos comprando algo para sumar alegría o para reparar viejas carencias? La respuesta, como siempre, no está en el regalo en sí, sino en el tiempo que dedicamos a comprender y acompañar los deseos de quienes amamos.
Al final, la magia de la Navidad no está en lo que ponemos bajo el árbol, sino en lo que construimos a su alrededor y en el tiempo que pasamos con ellos. Desde el armado del árbol, la carta que escriben para Papá Noel y el abrazo a nuestros hijos.
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