Los cierres son aperturas. Los portales son pasillos de transición donde se deja atrás algo para abrir otra cosa. Hace falta soltar para dejar entrar. Hay que sumergirse en lo profundo para ver la verdad y entender que los finales son mejores cuando alivianamos el peso de la mochila que cargamos, y así nos volcamos al inicio.
¿Qué significa soltar? Algo como esa frase que dice que “uno tiene lo que no amarra”. Algo que necesita cerrarse para dar comienzo a un nuevo ciclo. Una etapa que culmina para habilitar la continuidad, la circulación, la fluidez. Perder el control. Entregarse al momento presente.
AGUA
Para escribir a veces necesito ponerme en suspenso. Es como si me rindiera a la pausa, entendiendo que no hay nada que se pueda controlar. Me sale la carta del Colgado dos veces seguidas en el Tarot. ¿Qué querrá decir?
La resistencia aparece de mil formas, la voz mental, el dolor del cuerpo, el mareo y esas cosas que suceden traídas por el universo para “molestar”: se pincha la rueda del auto, se quema la bomba de agua, te cancelan el turno que habías agendado hace meses con un médico. ¿Y qué podemos hacer? Nadar. Nadar en esas aguas para que encuentren su cauce y fluya lo que tenga que fluir. Llorar como lo hice durante días, por lo que no fue, lo que había perdido, lo que se desprendía de mí dejando huellas imborrables.
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Dejar que llueva para que se consagre la existencia. Porque el clima no se controla, las nubes entran y salen y el sol sigue saliendo. Dejarse llevar por el río con la certeza de que siempre el agua vuelve al mar. Donde empieza termina y viceversa. No sirve de nada contener. Porque en algún momento se rompe el dique, y la corriente nos arrastra a la fuerza.

TIERRA
Hace un par de meses escribí una nota titulada Tierra Adentro donde hacía hincapié en la necesidad de entrar en el territorio y conocer nuestro valor como parte de una raíz, un orígen diverso y a la vez reconocible. Di una charla en Matriarca, viajé a San Juan y terminé mi novela. Hice ese camino por mi propia Tierra Adentro y me encontré con rincones mágicos, de cerros y montañas, pastos y desiertos.
En su momento no me di cuenta lo que estaba sembrando. Ni siquiera tomé dimensión del recorrido. En esa travesía, iniciada por la carta de EL LOCO, me encontré con personas que traían mensajes especiales. Tejedoras, emprendedores, esotéricos, guardianas. Ahora entiendo que eran parte de mí. Como un TODO INTERCONECTADO. Las sincronicidades abrían y cerraban portales como el día y la noche. Dando fin y comienzo a diferentes universos.
Me adentraba cada vez más en mi territorio, desenterrando verdades y conociendo partes mías que habían quedado relegadas. Por esas sendas estuve caminando y llegué hasta acá, un diciembre que termina y comienza al mismo tiempo, con los pies en la tierra y una sola convicción: seguir caminando, frenar para disfrutar y avanzar para crecer; estar en el PRESENTE.
Ese camino se está materializando en un espacio que armé para la Carta Argentina, una comunidad de productores y productoras federales de alimentos que tiene el propósito de reivindicar nuestro valor como territorio. Y yo soy quien busca darle sentido y profundidad mostrando el valor de nuestro entretejido cultural, el ARTE, HISTORIA y TERRITORIO.
AIRE
Lo novedoso fue siempre mi combustible. El aire que permuta, la voz que decide salir, da la vuelta en las esquinas y hace eco. Luego se calla, se desvía, se apaga, canta. Este ciclo que termina y comienza es un cambio constante. Fui y volví donde me llevó el viento. Me animé a probar. Me animé a cantar. Aprendí a respirar bajo las sábanas que me oprimían el pecho durante las noches donde la mente se disfrazaba de verdugo. Esas noches que se volvieron una mala consejera. Me quedé sin aire con noticias de impacto. Y también descubrí que podía respirar bajo el agua, con un ritmo propio.

Callar la mente y luego dejarla que comunique quien soy. Como lo estoy haciendo ahora. Ese aire me empujó a mundos que creía imposibles, volcando historias en páginas en blanco. Soltando el pelo. abriendo el diafragma para que salga la verdadera voz.
El fin de semana pasado hice un show de música y guitarra para el cumpleaños de una amiga. Cumplí ese sueño de armar un repertorio alineado con mi esencia, con canciones que siempre quise interpretar y donde hice un recorrido Tierra Adentro por esas partes que forman mi MUNDO; la carta del Tarot que cierra e inicia un ciclo. Las canté una a una con disfrute y entrega. Algo que venía reprimiendo hacía años. El aire en mis pulmones entraba y salía con total libertad. Porque eso es lo que me reveló el oxígeno: LA LIBERTAD.
FUEGO
La transformación personal necesita del calor. Desde la oscuridad a la luz pasamos por todas esas instancias que sin el impulso vital de la PASIÓN no se puede lograr. Nada de lo vivido tiene sentido si no se hace con la intensidad y esa energía que arde bien adentro. La que precisamente pone el fin y marca el inicio del TODO. El sol es nuestra guía y estas fechas de celebraciones tienen su verdadero sentido en ese momento donde la estrella que nos permite existir llega a su máximo esplendor.
El solsticio de verano, el día más largo del año para el hemisferio sur, espiritualmente significa plenitud, vitalidad máxima, abundancia y renovación, el pico de la luz solar y la energía. Se celebra - o al menos debería celebrarse - en conexión con la naturaleza. Y sin embargo llegamos a estas fechas con un cansancio abrumador y una fuerza opacada por la mentalidad de ese “ya no más”.
La necedad humana quiere imponerle al sol un freno en el brillo. Como si le dijéramos “no te celebro, porque me cansás”. Pero el brillo es nuestro sentido de vida, el impulso, el equilibrio entre los elementos, LA ALQUIMIA vibracional. ¿No queremos vibrar alto?.
Este 21 de diciembre ocurre el solsticio (Qhapaq Raymi). Se abre la etapa del esplendor, se terminan los días más largos, se renueva el ciclo de la continuidad. Y sin embargo festejamos la navidad invernal, con un Papá Noel abrigado, un trineo con renos que nada tienen que ver con nuestra identidad. Celebramos el año nuevo desfasado, ya que el nuestro ocurre en junio (el INTI RAYMI) y perdemos el Camino Real de nuestro Ciclo Natural. Sin duda la influencia del norte ya forma parte de nuestra tradición. Pero tal vez podamos integrar algo de esa verdadera identidad, y damos vuelta el mapa, Tierra Adentro
Se trata de celebrar el solsticio de verano como un PORTAL DEL PRESENTE, como una REGENERACIÓN DEL FUEGO INTERNO, DE LA LUZ QUE LLEVAMOS DENTRO que nos muestra la transformación.
Esto es el FINICIO, la integración del fin y el inicio como un TODO. Es la alquimia que nos hace vibrar en una frecuencia alta para poder celebrar con AMOR, LIBERTAD, ESPIRITUALIDAD Y PASIÓN.
¿Te animás a soltar, caminar, comunicar y transformar?
¡Feliz solsticio!
Mis recomendaciones de esta semana
Este sábado 20 y domingo 21 de diciembre, al mediodía en el Hipódromo Argentino de Palermo se celebra el Qhapaq Raymi (Solsticio de Verano). Están TODOS/AS invitados/as. Traer ofrendas de flores, hojas de coca y todo lo que quieran compartir.
Fuente: Emilia Zavaleta @sermulanas
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