Hay cocineros que se definen por una técnica, una geografía o una tradición. Maximiliano Matsumoto, en cambio, se define por una actitud: “Mi cocina es de firma personal porque resume experiencias, viajes y sabores que fui aprendiendo en Asia, Europa y Latinoamérica”, explica. Pero inmediatamente aclara que ese sello personal nunca está por encima de una premisa que guía cada plato: “Pienso en la gente. Quiero que quien venga a Atrium encuentre algo rico, accesible y sin rigideces. No importa la edad, el estilo o si sabe o no de gastronomía: todos tienen un lugar en la mesa”.

Ese espíritu dialoga de manera natural con la filosofía de Recoleta Grand, a Tribute Portfolio Hotel, donde el lujo se encarna en autenticidad. Como él mismo resume: “Acá no se trata de imponer cómo se come; se trata de que la gente pase un buen momento. Si alguien quiere ajustar un plato, se puede. La cocina también es flexibilidad”.
Atrium, el restaurante del hotel -Av. Las Heras 1745-, acaba de abrir sus puertas al público en general con una propuesta que recupera la elegancia de una brasería porteña y la combina con destellos de modernidad. La carta confirma esa idea de “cocina cercana pero elevada”: sabores reconocibles, técnicas cuidadas y detalles sutiles que revelan la impronta Matsumoto.

Entre las entradas, se destacan las ostras frescas de Los Pocitos, servidas con limón y tabasco casero, y acompañadas por una salsa que refuerza su identidad nikkei, ponzu de nabo ahumado (“una salsa clásica japonesa, pero con un toque propio que le da un ahumado especial”), resumen su método: respeto por el producto y creatividad controlada. También destacan la sopa de cebolla gratinada, tan francesa como universal.

En los principales, el chef retoma los grandes favoritos de la cocina porteña: lomo a la pimienta con papas fritas, trucha patagónica con repollo asado, ojo de bife Angus con chimichurri, y platos de impronta más contemporánea como los ravioles doppio de queso de cabra y burrata con manteca de limón. Las guarniciones son parte del juego sensorial: “Un puré no tiene por qué ser siempre igual. El nuestro es de boniato y zanahoria, súper cremoso. Busco que la textura sorprenda sin dejar de ser familiar”.

Incluso en preparaciones más simples, como la hamburguesa en pan de brioche con provoleta de cabra y chipotle, aparece esa búsqueda de elevar lo cotidiano: “Me gusta tomar algo que todos conocen y darle una vuelta. Sin pretensiones, pero con intención”.
En Recoleta Grand encontró el marco ideal para desarrollar una mirada que combina excelencia y sensibilidad contemporánea: trabajar con pequeños productores, promover prácticas de cocina circular y, en un futuro cercano, crear una huerta propia en la terraza. “Quiero que el hotel sea un espacio vivo, donde incluso un huésped pueda cosechar algo y verlo transformarse en su plato. Es una experiencia hermosa”.

La apertura de Atrium a no huéspedes confirma la vocación del hotel de convertirse en punto de encuentro porteño, un refugio cosmopolita donde conviven cultura, gastronomía y hospitalidad empática. Matsumoto lo resume mejor que nadie: “La cocina es mezcla, es diversidad. Eso quiero para este lugar: que cualquiera pueda entrar y sentir que pertenece aquí”.

Para descubrir las experiencias únicas y cosmopolitas que Recoleta Grand tiene para ofrecer en su viaje a Buenos Aires, visite la central de reservas del hotel, o comuníquese a los teléfonos (+5411) 7079-0589 o (+54911) 3202-4968 (WhatsApp).
Fotos: Gentileza Recoleta Grand, a Tribute Portfolio Hotel.