Amor en tiempos de apps: cómo construir relaciones reales según la psicología
 

San Valentín en la era de los vínculos líquidos: ¿por qué hoy nos cuesta tanto el compromiso?

San Valentín en la era de los vínculos líquidos: ¿por qué hoy nos cuesta tanto el compromiso?
Entre las apps de citas y la inmediatez, la forma de relacionarnos cambió. La psicóloga Gaby Alesi analiza cómo celebrar el amor sin caer en la performance y de qué manera construir vínculos con responsabilidad afectiva.
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Cada 14 de febrero, la escena se repite casi por inercia: vidrieras llenas de corazones, promociones para cenas de a dos y una marea de posteos en redes sociales que buscan capturar el gesto perfecto. Sin embargo, más allá del ritual comercial y la foto para el feed, la fecha nos invita a frenar y hacernos una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué tipo de vínculos estamos celebrando hoy?

El origen de San Valentín tiene poco que ver con el marketing actual. Se asocia a un sacerdote que, desafiando las normas del Imperio Romano, casaba a parejas enamoradas a escondidas. En ese gesto fundacional había algo mucho más denso que el romanticismo de cotillón: estaba el amor como una elección consciente, un compromiso y una responsabilidad frente al otro. Como explica la psicóloga social Gaby Alesi, especialista en vínculos y sexualidad, amar implica, esencialmente, un riesgo y una decisión sostenida en el tiempo.

De la densidad del compromiso a la liviandad del consumo

Con el paso de los siglos, aquella profundidad simbólica fue cediendo lugar a una versión mucho más liviana y estandarizada. Hoy, San Valentín parece quedar reducido a la pareja romántica tradicional y a su demostración pública. Existe una exigencia sutil de cumplir con un ideal que, muchas veces, no se condice con lo que pasa puertas adentro.

En las últimas décadas, el mapa de los afectos se amplió de manera notable. Hoy hablamos de parejas que eligen no convivir, vínculos abiertos, acuerdos no monógamos, personas que reivindican la soltería o que ponen a la amistad como el eje central de su vida. Incluso han ganado visibilidad las triejas. Pero, aunque las formas se diversificaron para ajustarse a nuestras necesidades actuales, esa apertura no siempre se tradujo en un mayor bienestar emocional.

La paradoja de la modernidad líquida: querer conexión sin implicación

Citando al sociólogo Zygmunt Bauman, la especialista Gaby Alesi describe nuestro presente como una "modernidad líquida". En este escenario, los vínculos se vuelven frágiles, reversibles y marcados por una baja tolerancia a la frustración.

Desde la clínica psicológica y la observación social, surge una paradoja que muchas experimentamos: el deseo profundo de conectar con alguien convive con un temor paralizante a la implicación. Aparece el miedo a perder la individualidad, a tener que ceder o a soltar esa ilusión de control total sobre nuestras vidas que tanto nos vende la época.

"La lógica de la inmediatez y del rendimiento también atraviesa los vínculos afectivos, empujándolos a funcionar bajo criterios de satisfacción inmediata, bajo costo emocional y baja tolerancia a la incomodidad", señala Alesi. En un mundo de "deslizar a la derecha" en las apps, la paciencia para conocer al otro parece haberse convertido en un artículo de lujo.

Cuando San Valentín se vuelve una performance

Por todo esto, el 14 de febrero puede transformarse en una fecha incómoda. No solo para quienes están solteras, sino también para quienes están en pareja y sienten que su realidad cotidiana no encaja con ese ideal romántico que se exhibe en las pantallas.

A menudo, el amor se muestra y se performa, pero no siempre se habita. El riesgo de estas fechas es quedarnos en la superficie de la celebración mientras descuidamos la raíz de la relación. El desafío contemporáneo no es necesariamente inventar etiquetas nuevas, sino revisar la calidad de nuestro encuentro con los demás.

Volver a lo real: cuidado y responsabilidad afectiva

Tal vez, el verdadero sentido de San Valentín hoy sea animarnos a mirar quiénes son las personas realmente significativas en nuestra vida y, sobre todo, cómo las estamos cuidando. No importa tanto la cantidad de vínculos que acumulamos, sino desde qué lugar los construimos.

Para transitar hacia relaciones más sanas y profundas, Gaby Alesi propone poner el foco en:

  • La escucha activa y la conexión real: Estar presentes de cuerpo y alma, no solo a través de una pantalla.
  • La responsabilidad afectiva: Entender que nuestras acciones tienen un impacto en el otro.
  • El sexo respetado y consensuado: Construir intimidad desde el deseo mutuo y el cuidado.

Al final del día, el amor sigue siendo un trabajo artesanal y cotidiano. Implica elegir, sostener, animarse al riesgo de ser vulnerable y, a veces, ceder. Construir relaciones que no se consuman rápido ni se descarten ante el primer inconveniente, sino que tengan profundidad, sentido y, por sobre todas las cosas, realidad.

Fuente: Gaby Alesi, Psicóloga social especialista en vínculos y sexualidad.

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