La puesta en escena en el Met no fue solo un decorado; fue un manifiesto. En una temporada marcada por la ausencia de grandes estrellas en la ciudad, Kors logró convocar a figuras como Uma Thurman junto a los editores más influyentes de la moda internacional. Sin embargo, a pesar de la fastuosidad del entorno, la pasarela mantuvo los pies en la tierra.



Un dato clave que define esta colección es la funcionalidad absoluta: no se vio un solo par de tacones altos en todo el desfile. Kors entiende que la mujer moderna, esa intelectual y urbana que habita las grandes ciudades, necesita ropa que la acompañe en su ritmo diario sin perder el estilo.


El abrigo como pieza fundamental
Para Michael Kors, el abrigo define quién sos hoy en día durante el invierno. Sus diseños para esta temporada fueron los más prácticos y logrados de la Gran Manzana, con líneas rotundas que funcionan con solvencia tanto en looks masculinos como femeninos.




La reinvención del tweed y el juego de volúmenes
El tejido estrella de la temporada fue el tweed de Donegal. Lejos de su versión más clásica o rígida, el diseñador lo reinterpretó a través de terminaciones fruncidas, desgastadas y deshilachadas, aplicándolas incluso en vestidos de cóctel preciosos.




Además, la colección presentó una idea ingeniosa: piezas envolventes tipo bufanda superpuestas sobre pantalones, chaquetas largas y trajes asimétricos. También se vieron pañuelos incorporados a los looks de noche, tanto en trajes de pantalón fruncido como en vestidos rojos.





La sofisticación es una elección inteligente
El cierre del desfile, a cargo de la icónica Christie Turlington, dejó una lección de estilo: un top de cachemira abierto en los laterales sobre un vestido de microlentejuelas. Esta combinación de texturas cálidas con el brillo nocturno es el resumen perfecto de la propuesta de Kors.







Fotos: Fotonoticias

