Amanda Bynes fue una de las figuras más reconocidas de la televisión juvenil a finales de los 90 y comienzos de los 2000. Debutó a los 10 años en All That, un show de sketches de Nickelodeon, y pronto ganó su propio programa: The Amanda Show, que la catapultó como una promesa de la comedia.
Con el tiempo, protagonizó películas exitosas como Lo que una chica quiere, Ella es el chico y Hairspray. Su carisma, humor y estilo la convirtieron en un ícono de su generación, amada por miles de adolescentes alrededor del mundo.


La caída: adicciones, trastornos y un largo silencio
El abrupto final de su carrera llegó antes de los 25 años. A partir de 2010, Amanda comenzó a mostrar signos de inestabilidad emocional, con episodios públicos de comportamiento errático, detenciones y declaraciones polémicas en redes sociales.

Fue diagnosticada con trastorno bipolar y enfrentó un largo tratamiento por abuso de sustancias. En 2013, su familia solicitó una tutela legal para protegerla, similar a la que tuvo Britney Spears, y Amanda se retiró por completo del mundo del espectáculo.

Durante años vivió en completo hermetismo. En entrevistas posteriores, confesó que había consumido un medicamento, Adderall, y que sufría una fuerte autoexigencia relacionada con la imagen corporal, que se intensificó mientras filmaba sus últimas películas.

Su presente: lejos de las cámaras, pero con nuevos objetivos
En marzo de 2023, Amanda fue internada voluntariamente luego de ser encontrada desorientada en las calles de Los Ángeles. Desde entonces, su presencia pública es intermitente, aunque sigue generando interés en redes.

En un reciente artículo de E! News, cuentan que Amanda confesó que quiere bajar 18 kilos con el uso de Ozempic, el medicamento originalmente diseñado para tratar la diabetes tipo 2, pero que se volvió popular entre celebridades como método para adelgazar. “No tengo ningún problema de salud, solo quiero volver a un peso con el que me sienta mejor”, dijo.
Lejos de Hollywood, Amanda intenta reconstruir su vida desde la calma, enfocada en su bienestar. Estudió diseño de modas en el Fashion Institute of Design & Merchandising (FIDM), aunque por el momento no ha retomado actividades profesionales públicas.
Una historia que sigue conmoviendo
El caso de Amanda Bynes refleja cómo el brillo de la fama a edades tempranas puede tener un costo alto en la salud mental. Hoy, a los 38 años, busca mantenerse estable, alejada de los flashes que alguna vez la encumbraron, y cerca de una vida más sencilla.
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