El miedo no fue una escena de ficción. Fue real, de madrugada, y detrás de una puerta que intentaban romper.
Un hombre fue condenado en el Reino Unido tras intentar ingresar por la fuerza al dormitorio donde se encontraba Anya Taylor-Joy durante un violento robo en Londres. La actriz, conocida por Gambito de dama, Peaky Blinders y Dune, estaba dentro de la habitación junto a su esposo, el músico Malcolm McRae, cuando los asaltantes intentaron entrar.
El hecho ocurrió en la madrugada del 12 de febrero de 2023, cuando Kirk Holdrick, de 43 años, y un cómplice escalaron el muro de la propiedad usando pasamontañas. Las cámaras de seguridad los captaron activando una luz exterior, sobresaltándose, pero aun así continuaron con el ataque.
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Atrincherados y sin escapatoria
El Tribunal de la Corona de Wood Green escuchó que McRae fue quien oyó primero el ruido de los cristales rotos. Al salir a investigar, se encontró cara a cara con los intrusos. Corrió de regreso al dormitorio y se atrincheró allí con su esposa.
Del otro lado de la puerta, los asaltantes utilizaron una palanca para intentar forzar la entrada. Dentro del cuarto, la pareja se defendía como podía: McRae estaba armado solo con una lámpara.
Fue recién cuando el músico gritó que tenía un arma que los ladrones huyeron. La policía llegó mientras Anya Taylor-Joy seguía encerrada, aún en estado de shock.
Los fiscales sostuvieron que es posible que el objetivo del robo haya sido específicamente la actriz, lo que refuerza la gravedad del episodio.
Un agresor con antecedentes extremos
Holdrick negó inicialmente el asalto y afirmó que su ADN había sido hallado en la escena porque había asistido a una fiesta en la propiedad. Sin embargo, terminó declarándose culpable.
Nueve días después de ese ataque, el mismo hombre protagonizó otro robo aún más violento en Sandbanks, una exclusiva zona de millonarios. Allí, junto a otro cómplice, se hizo pasar por policía, ató a una mujer y a su hija a punta de pistola y las amenazó de muerte.
Holdrick no era un delincuente ocasional: ya había sido condenado a cadena perpetua en 2005 por un robo a mano armada y acumulaba antecedentes desde su adolescencia.
Esta semana recibió una condena adicional de tres años de prisión por el robo que puso en riesgo la vida de Anya Taylor-Joy y su esposo.
Cuando la fama no protege
El caso vuelve a poner en foco una realidad incómoda: la exposición extrema también puede convertirse en vulnerabilidad. Lo que ocurrió no fue un robo menor ni un susto pasajero, sino una situación límite, con riesgo concreto de vida.
Detrás del glamour, los estrenos y las alfombras rojas, una actriz de reconocimiento mundial tuvo que esconderse en su propia habitación, esperando que una puerta resistiera.
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