Christian Petersen lleva décadas cocinando frente a otros, pero su historia más profunda se armó lejos de las cámaras, en una trama familiar donde el trabajo, el afecto y la cocina nunca estuvieron del todo separados. Hoy, mientras permanece internado en terapia intensiva, ese entramado vuelve a cobrar sentido.
La familia que eligió de grande
En abril de 2025, Christian se casó con Sofía Zelaschi, cocinera y exparticipante de El gran premio de la cocina. Se conocieron en un contexto laboral y, con el tiempo, la relación se fue consolidando también en lo personal. Comparten la cocina, los proyectos y la vida cotidiana. Sofía tiene un hijo de una relación anterior, que forma parte del núcleo familiar ensamblado que Petersen fue construyendo en los últimos años.

Los hijos, la continuidad
Christian es padre de tres hijos varones, fruto de su primer matrimonio con Mercedes Cristiani.
Hans, el mayor, tiene 26 años. Lars, de 21, empezó a acercarse a la cocina y a explorar el oficio que marcó a su padre. Francis, con 17, transita la adolescencia mientras observa, quizás sin saberlo todavía, ese legado que lo rodea desde chico.
En entrevistas, Petersen habló más de una vez del orgullo silencioso que le generan sus hijos y del deseo de que cada uno encuentre su propio camino, con o sin cocina de por medio.
Los hermanos: trabajar con la propia historia
La familia Petersen funciona como un bloque. Christian tiene dos hermanos: Roberto y Lucas.
Con Roberto, el vínculo es también público: socios, compañeros en programas de televisión y referentes de una marca que lleva el apellido como bandera. Lucas, en cambio, eligió un rol menos visible, pero clave: se ocupa de la gestión administrativa y logística del negocio familiar.

No es casual que trabajen juntos. Crecieron en un entorno donde la gastronomía no era un plan, sino una forma de vida.
Las mujeres que encendieron el fuego
La cocina llegó antes que la fama. Mucho antes.
La madre de Christian, Tatana Castro Videla, fue quien dio el primer paso al tomar la concesión gastronómica de un club, sembrando una dinámica familiar donde cocinar y trabajar eran casi lo mismo.
Y antes todavía estuvo Susana, la abuela, a quien Petersen recuerda como una influencia decisiva en su vínculo emocional con la comida.

Un apellido, una forma de estar juntos
Bajo el nombre Los Petersen Cocineros, la familia construyó un proyecto que combina restaurantes, catering y televisión. Pero más allá de la estructura empresarial, lo que se repite es una lógica de clan: pensar, decidir y avanzar en conjunto.
Hoy, mientras Christian atraviesa uno de los momentos más delicados de su vida, ese círculo íntimo -su esposa, sus hijos, sus hermanos- vuelve a ser el centro. No como noticia, sino como sostén. Como si, al final, todo regresara al mismo lugar: la mesa familiar.
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