Bastián despertó. Y esa sola palabra —despertó— alcanza para entenderlo todo. Después de tres semanas en coma, tras el accidente en Pinamar, el nene de 8 años abrió los ojos, reconoció a su familia y regaló sonrisas. Sonrisas pequeñas, frágiles, pero enormes. Sonrisas que dicen “estoy acá” cuando nadie sabía si ese “acá” iba a volver a existir.
Su abuela lo contó en redes. Su mamá también. No con épica, sino con gratitud. Con esa gratitud silenciosa que aparece cuando la vida da un paso atrás del abismo.
Pero despertar no es el final de la historia. A veces, es apenas el comienzo.
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Hoy Bastián necesita empezar su rehabilitación neurológica. Volver a caminar. Volver a mover las manos. Volver, de a poco, a habitar su cuerpo. Para eso, debe ser trasladado desde Mar del Plata a un centro especializado.
Y ahí aparece otra espera. Otra angustia. Otro “por favor”. La familia reclama a IOMA la autorización urgente del traslado sanitario. No como un trámite más, sino como lo que es: una carrera contra el tiempo.

“La situación es delicada y el tiempo resulta determinante para su evolución”, escribió su abuela, Bettiana, en un mensaje dirigido al presidente de la obra social.
No hay reproche. Hay súplica. No hay enojo. Hay urgencia.
Cuando el cuerpo despierta, el sistema debería acompañar
Bastián ya hizo su parte. Su cuerpo volvió. Su conciencia volvió. Su mirada volvió. Ahora le toca al sistema no llegar tarde. Porque la rehabilitación no es un lujo ni una etapa optativa. Es continuidad de vida. Es lo que puede marcar la diferencia entre una recuperación posible y una oportunidad perdida.
A veces creemos que lo más difícil es sobrevivir. Pero muchas veces, lo más difícil es empezar de nuevo.
Seguir pidiendo, seguir sosteniendo
“Sigamos pidiendo por Basti”, escribió su mamá. Y ese pedido hoy cambia de forma: se vuelve concreto, urgente, administrativo… pero no menos humano.
Autorizar un traslado no es solo firmar un papel. Es habilitar un futuro.
Mientras tanto, Bastián sonríe. Y esas sonrisas —las que llegaron después del coma— merecen todo lo que venga después.
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