Mientras el mundo celebra los 60 años de Cindy Crawford —una de las supermodelos más icónicas de todos los tiempos, referente absoluta de los años 90 y mujer que sigue deslumbrando con una belleza intacta— hay un capítulo de su vida que rara vez ocupa el centro de la escena.
Detrás del lunar más famoso de la moda y de una carrera consagrada, hay una historia marcada por una pérdida devastadora que atravesó su infancia y dejó huellas profundas.
La muerte de su hermano Jeffrey
Cindy tenía apenas 8 años cuando su hermano menor, Jeffrey, murió de leucemia. Él tenía solo 3. Era el único varón de la familia y su llegada había sido especialmente celebrada.

La enfermedad apareció de manera inesperada. Los primeros indicios fueron moretones persistentes en su pequeño cuerpo, una señal que más tarde se comprendería como síntoma de la enfermedad. El diagnóstico fue un golpe brutal para toda la familia, y su muerte cambió para siempre la dinámica del hogar. Para una niña de esa edad, entender la muerte es difícil. Pero convivir con ella, aún más.


La culpa silenciosa que la acompañó durante años
Con el paso del tiempo, Crawford habló de un sentimiento complejo que la marcó profundamente: la culpa del superviviente. Ella y sus hermanas, siendo apenas niñas, llegaron a pensar que “debería haber sido una de nosotras”.
Esa idea, irracional pero común en duelos infantiles, la acompañó durante años. La sensación de haber quedado del lado de los que siguen vivos, mientras el más pequeño ya no estaba, fue una carga emocional que tardó mucho en procesar. “Definitivamente hay culpa del superviviente", contó en una entrevista recordando su infancia.

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En distintas entrevistas a lo largo de su vida adulta, explicó que recién con el tiempo pudo entender que aquella culpa no tenía sentido, pero que durante la infancia fue una emoción real y dolorosa. “Perder a mi hermano cambió a mi familia para siempre", expresó la supermodelo.

La frase que necesitó escuchar
Ya de grande, reflexionó sobre algo que le hubiera cambiado la forma de atravesar el duelo: escuchar de sus padres, devastados por la pérdida, que aunque estaban destruidos por la muerte de Jeffrey, estaban felices de que ella estuviera viva. “Ojalá mis padres hubieran dicho: ‘Sí, estamos muy tristes de que Jeff haya muerto, pero estamos muy felices de que tú estés aquí’”, dijo la modelo.

Esa validación emocional —que no llegó en ese momento porque el dolor era demasiado grande— fue algo que tuvo que construir internamente con los años. “Cuando sos chico, no entendés por qué pasa algo así", afirmó Cindy.

Del dolor a la acción
La experiencia no solo dejó una marca emocional. También moldeó su sensibilidad y su compromiso. A lo largo de su vida adulta, Cindy ha apoyado activamente iniciativas vinculadas a la investigación del cáncer infantil y a hospitales pediátricos, transformando aquella herida temprana en una causa concreta.

El ícono que aprendió a integrar su historia
Cuando irrumpió en las pasarelas internacionales y se convirtió en una de las figuras centrales del modelaje global, pocos conocían esa parte de su historia. El mundo veía glamour, campañas multimillonarias y tapas históricas. Pero detrás del fenómeno había una niña que había aprendido demasiado pronto sobre la fragilidad de la vida.

Hoy, al cumplir 60 años, Cindy Crawford no solo celebra una carrera legendaria. Celebra también haber atravesado el dolor, haber hecho las paces con la culpa y haber construido una vida plena. Su belleza sigue siendo impactante. Pero su resiliencia es, quizás, lo que realmente la define.



