Durante años, Bridgit Mendler fue sinónimo de Disney. Su papel como Teddy Duncan en Buena suerte, Charlie la convirtió en una figura querida por toda una generación y, en paralelo, desarrolló una carrera musical con canciones que sonaron en todo el mundo y un disco que alcanzó certificación de platino.

Todo indicaba que su futuro seguiría ligado al entretenimiento. Pero detrás de las cámaras, Bridgit tenía otras inquietudes. Le interesaban la ciencia, la tecnología y los sistemas complejos. No lo sabía entonces, pero una experiencia aparentemente menor iba a cambiar su destino.
El día que el MIT le abrió otra puerta
En 2017, mientras rodaba una película cerca del campus del MIT, decidió entrar a conocer la universidad casi por curiosidad. Esa visita improvisada fue un punto de inflexión.
“Me quedé impresionada al ver la universidad”, contó luego. Ese primer acercamiento derivó en su vínculo con el Media Lab del MIT y marcó el comienzo de una nueva etapa: dejó de lado la actuación, volvió a estudiar y se sumergió de lleno en el mundo académico.

Con el tiempo, obtuvo una maestría en el MIT, avanzó en un doctorado y también se graduó como abogada en Harvard, con foco en derecho espacial. Durante esos años, trabajó en políticas vinculadas a satélites para organismos públicos y cofundó la Sociedad de Derecho Espacial de Harvard.
Fue un cambio profundo: de los sets de grabación a bibliotecas, laboratorios y aulas.
Una idea que nació en pandemia
La semilla de su emprendimiento actual apareció durante el confinamiento por COVID-19. Mientras muchas personas atravesaban la pandemia con hobbies domésticos, Bridgit y su esposo, el ingeniero Griffin Cleverly, empezaron a armar antenas con piezas compradas en ferreterías para captar señales de satélites desde su casa.

Ella misma lo relató con humor: “Mientras otros hacían pan de masa madre, nosotros estábamos construyendo antenas”.
Ese experimento casero se transformó en Northwood Space, la startup que fundaron junto a Shaurya Luthra, y que hoy busca simplificar y acelerar la infraestructura que conecta satélites con la Tierra.
De experimento casero a empresa millonaria
Northwood Space acaba de cerrar una ronda de inversión Serie B por US$ 100 millones, lo que ubica a la compañía en una valuación estimada entre US$ 500 y US$ 800 millones. También firmó contratos clave, incluso con la Fuerza Espacial de Estados Unidos.
A sus 33 años, Mendler pasó de ser una estrella juvenil a liderar una empresa tecnológica de alcance global.
Lejos del relato clásico del “genio precoz”, ella misma se define desde otro lugar. “No soy la persona más inteligente de la sala, y eso no importa”, dijo en una entrevista reciente. Su historia muestra que reinventarse también puede ser un proceso gradual, hecho de curiosidad, estudio y decisiones valientes.
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