A veces, la realidad parece calcarse en puntos opuestos del mapa. Lo que hoy vive Australia con el pequeño Gus Lamont resuena con una frecuencia dolorosamente conocida en nuestro país: la de un nene de cuatro años que se desvanece en un instante, bajo el cuidado de adultos que no son sus padres, dejando tras de sí un rastro de versiones cruzadas. El caso, que comenzó como la búsqueda desesperada de un chico perdido en la inmensidad del campo, dio un giro que hoy estremece a la opinión pública internacional.

Un cambio de rumbo que apunta al corazón de la familia
Gus fue visto por última vez el 27 de septiembre de 2025. Jugaba afuera de la casa en Oak Park Station, una estancia de 60.000 hectáreas en el remoto interior de Australia del Sur. Su abuela relató que, apenas media hora después de haberlo visto allí, salió a buscarlo y ya no estaba. Lo que siguió fue un despliegue sin precedentes: helicópteros, drones con cámaras infrarrojas y buzos recorriendo tanques de agua. Pero el desierto no devolvió nada, salvo una huella aislada que terminó siendo irrelevante.

Hoy, la Policía de Australia del Sur (SAPOL) abandonó la hipótesis del accidente. El superintendente Darren Fielke, a cargo de la unidad de delitos mayores, fue tajante al declarar el hecho como un "delito mayor". El motivo detrás de este cambio es inquietante: las autoridades detectaron "un número de inconsistencias y discrepancias" en los relatos cronológicos y las versiones de los familiares presentes aquel día.
El sospechoso en las sombras
A diferencia de los primeros días de búsqueda, el cerco ahora se cierra sobre un miembro de la familia. Aunque las autoridades no revelaron su identidad, confirmaron que no se trata de los padres del nene. Según Fielke, esta persona "ha dejado de colaborar" con la justicia.
En enero, el avance de la investigación llevó a un procedimiento judicial en la misma granja de ovejas donde Gus desapareció. Allí, la policía confiscó un auto, una motocicleta y dispositivos electrónicos. La sospecha de un secuestro por parte de un extraño fue descartada; la mirada de los investigadores se queda puertas adentro, analizando cada palabra y cada silencio de quienes debían protegerlo.
El dolor de las abuelas y el espejo con el caso Loan
Las coincidencias con lo ocurrido en Argentina con Loan Peña son inevitables y crudas. La edad de Gus, el entorno rural de difícil acceso, la desaparición bajo la tutela de familiares y, sobre todo, la transformación de una búsqueda de rescate en una investigación criminal por sospechas sobre el entorno cercano.
Ante las acusaciones, Josie y Shannon Murray, las abuelas de Gus, difundieron un comunicado a través de sus abogados manifestando estar "absolutamente devastadas". Aseguraron haber cooperado plenamente y afirmaron que su único deseo es "encontrar a Gus y reunirlo con su mamá y su papá". Sin embargo, para la policía, la falta de colaboración de un allegado clave es hoy el obstáculo principal para llegar a la verdad.
Una comunidad que espera respuestas
La desaparición de Gus se convirtió en la operación más extensa en la historia de la policía local. En las zonas rurales del norte de Australia, la conmoción es total. Mientras el análisis forense de los objetos secuestrados continúa, el superintendente Fielke mantiene la esperanza de que la recolección de inteligencia permita realizar nuevas búsquedas.
Por ahora, el caso de Gus Lamont permanece abierto, como una herida que une a dos países a través de una misma pregunta: ¿qué pasó en esos treinta minutos de silencio en los que un nene de cuatro años desapareció sin dejar rastro?
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