“El otro día nació mi primer hijo y tuve una sensación que no le deseo a nadie”, así empieza esta carta escrita con el corazón que escribió el pediatra Ezequiel Martínez Wagner (@ezequielmwagner). No es una carta cualquiera: es un testimonio de vulnerabilidad, una confesión sobre cómo la medicina, la teoría y los años de experiencia pueden volverse polvo cuando se trata de un hijo.
Su bebé se llama Félix, nació sano, se prendió al pecho, emocionó a los abuelos. Pero, a las pocas horas, algo alteró la calma: Félix no hacía pis.
Cuando el saber no alcanza
“Me tocó ser padre para darme cuenta de lo fácil que era indicar la higiene constante del bebé, las succiones de 15 minutos, el colecho seguro”, escribe Ezequiel, con una honestidad que desarma.

"No era un tiempo exorbitante, menos considerando que el peque venía alimentándose apenas con calostro y que no parecía deshidratado... Me pegué a su cuna, le bajé el pañal, puse una gasa húmeda bajo su ombligo y a esperar", relató.
Mirá También

Ezequiel Lo Cane, papá de Justina: "Cada día la extraño más, pero su ley sigue salvando vidas"
"Tuve chicos en paro, tuve niños en shock anafiláctico y cientos de deshidratados. Si falta líquido, se pasa leche o un suero y a otra cosa mariposa. Lo expliqué mil veces. Todos siempre lo entendieron. Yo lo sabía. Yo lo entendía. Pero…", siguió contando.
Terminando llamando a "neo y vino la enfermera como un rayo. Lo revisó con la velocidad con la que los pediatras revisamos a un chico que sabemos que queda internado. Le expliqué el cuadro, pasé a usar terminología médica, le dije que tenía buen llanto, que las mucosas estaban húmedas, que ya probé con la gasa mojada", enumeró.
"Ella asintió, le tomó la temperatura y se puso a auscultarlo. Aproveché y me llevé la gasa al baño para descartarla. Cuando volví, mi mujer y la enfermera me sonreían. Fue cuestión de que me fuera para que mojara el pañal y el alma me volviera al cuerpo", dio todo los detalles.
Él sabía que el cuerpo de su hijo se estaba adaptando, que era normal cierta demora. Sabía, desde la medicina, que no había signos de deshidratación. Pero también sintió ese frío en la espalda que conocen quienes trabajan en urgencias. Y que ahora, por primera vez, lo atravesaba como papá.
El poder de una espera
Esperó. Hizo todo lo que sabía. Pidió ayuda. Y cuando por fin salió del cuarto un momento, Félix hizo pis. “Fue cuestión de que me fuera para que mojara el pañal y el alma me volviera al cuerpo”, cuenta.
Lo abrazó, lo besó y lloró a solas: "Derramé unas lágrimas que no sabía que tenía. Mi mujer me gasta porque dice que no lloré nunca en estos 15 años que me conoce. Félix tiene 2 días y ya me vio llorar dos veces: cuando nació y cuando me hizo esperarlo 7 horas para que hiciera pis”.
“Ahora entiendo lo que es estar del otro lado”
Más allá de los detalles clínicos o del contexto personal, hay algo universal en este mensaje: la experiencia de volverse madre o padre transforma todo lo que uno creía saber.
“Dos días y ya me hiciste mejor pediatra, Félix. Ojalá logre hacerte buena persona. Prometo dar lo mejor de mí”, cierra Ezequiel.
Y uno, al leerlo, no puede evitar pensar que si cada profesional pudiera mirar con estos ojos, el mundo sería un poco más humano.
Suscribite al newsletter de Para Ti
Si te interesa recibir el newsletter de Para Ti cada semana en tu mail con las últimas tendencias y todo lo que te interesa, completá los siguientes datos:

