Viviana Rivero no necesita presentación entre los lectores que aman las historias donde la pasión se mezcla con la historia y el alma. Cordobesa, abogada y una de las autoras argentinas más leídas de la última década, Rivero acaba de lanzar su nueva novela, "Secretos de sangre", una obra que retoma el universo de "Secreto bien guardado", aquella historia que conquistó a miles de lectores con el amor prohibido entre Amalia y Marthin Müller, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial.
“Hice una mezcla, quise volver a esa historia, pero desde otro lugar”, cuenta Viviana durante la charla. "Secretos de sangre" no es una simple secuela, sino un puente entre generaciones: el pasado de aquellos amores que marcaron una época y el presente de los descendientes que buscan entender de dónde vienen.
“Quería contar la historia de los hijos, de los nietos, de quienes viven hoy con el eco de aquel pasado. Porque las necesidades de una mujer actual no son las mismas que las de Amalia. Coralina, mi protagonista, es independiente, tiene un hijo, su trabajo, su mundo. Y no está dispuesta a dejar todo por amor", habló la escritora en exclusiva para Para Ti.

Con su voz serena y sus ideas claras, Viviana Rivero habla del amor como si lo estuviera escribiendo: con emoción, sabiduría y una mirada profundamente humana. En esta entrevista, reflexiona sobre el destino, la herencia emocional, el machismo literario, su propia historia personal y los desafíos de seguir escribiendo sobre el sentimiento más antiguo del mundo.
Viviana Rivero y el viaje por "Secretos de sangre"
— “Secretos de sangre” retoma el universo de “Secreto bien guardado”. ¿Desde cuándo sentiste la necesidad de volver a esa historia?
— Por un lado, porque en la parte antigua estaban María y Marthin, y todos los que leyeron el libro los amaron. Era un contexto histórico muy interesante. Investigando, descubrí qué pasó con los alemanes que regresaron a Alemania después de la guerra: la pobreza, las mujeres argentinas que pagaban los pasajes para reencontrarse con sus maridos, los matrimonios separados tres años. Todo eso me conmovió. Y quería contarlo, pero también quería hablar de los descendientes que se interesan por esa historia, de alguien que diga: “¿Qué pasó con ellos?”. Y además, quería escribir una historia de amor moderna.
— Esa dualidad se nota: el pasado de Amalia y el presente de Coralina. ¿Qué te interesaba mostrar de la mujer actual?
— Quería mostrar que las necesidades de una mujer hoy no son las mismas que antes. Coralina tiene su librería, su hijo, su independencia. Le gusta su trabajo, no quiere dejar todo por amor. Antes las mujeres vivían para ese hombre; ahora viven con amor, pero también con autonomía. Seguimos amando, pero ya no de la misma manera. Antes parecía que si no tenías pareja no estabas completa. Hoy no es así.

— Tus libros siempre cruzan historia y emoción. ¿Cómo trabajás esa fusión?
— Estudio muchísimo. Este libro tiene una hoja entera de agradecimientos. Me metí de lleno en la investigación: hablé con historiadores como Abel Basti, que sostiene que Hitler estuvo en el Hotel Viena, donde ocurre parte de la novela. Investigo hasta el más mínimo detalle, porque lo real le da profundidad a la ficción.
— La laguna de Mar Chiquita tiene un rol muy simbólico en tus historias. ¿Qué representa para vos ese lugar?
— Es un sitio místico. Fui con una amiga y lo viví así. Tiene una energía muy especial. El agua está cargada de sal, es sanadora. En los años 40 se creía que servía para rehabilitar a los soldados después de la guerra. Cuando camino por ahí, siento algo distinto: hay árboles muertos, el silencio, una sensación de tiempo suspendido. Quise que mis personajes también vivieran eso.
— Tus novelas también hablan de herencias, de lo que se transmite entre generaciones. ¿Sentís que los latinoamericanos seguimos cargando con las historias no dichas de nuestros antepasados?
— Sí, totalmente. Los europeos conocen su linaje, saben desde cuándo su familia vive en tal casa. Nosotros no. Somos hijos de inmigrantes que nunca contaron del todo por qué se vinieron. Hay huecos. Nos faltan respuestas. Por eso creo que escribo tanto sobre la historia: porque hay algo que uno elige y otro poco que es destino. Y ese destino, cuando lo entendés, te ordena.

— ¿Creés en el destino?
— Sí, pero no en un destino absoluto. Hay muchas cosas que uno elige, pero hay otras que no. Por ejemplo, yo me casé dos veces. Mi primer marido fue mi compañero del secundario y el segundo, mi compañero de primaria. Si no hubiera ido a esa escuela, no lo habría conocido. Hay una cuota de destino que no dirigimos, y me encanta explorar eso en mis libros.
— El amor es un tema central en tu obra. ¿Cómo lo ves hoy?
— Yo creo que el amor no es para doler. Lo escribí en uno de mis libros: “El amor no era para hacer doler”. El amor es para darnos paz. Antes buscaba la felicidad, hoy valoro la paz. La paz es el lugar donde todo se acomoda. Cuando la perdí, me di cuenta de su valor. Por eso digo: el amor tiene que ser un abrazo cálido, no un huracán.
— Después de tantos años escribiendo sobre amor, ¿qué cambió en vos?
— Descubrí que hay muchos tipos de amor. No solo el romántico: el amor a los hijos, a la vocación, a la tierra. Todos mueven el mundo. Yo creo que el amor —en cualquiera de sus formas— es el motor que nos hace seguir.
— ¿Por qué todavía existe prejuicio hacia las novelas románticas?
— Porque es machismo. Si un hombre escribe una historia de amor, le dicen “novela histórica”. Si lo hace una mujer, “novela romántica”. Hay una forma de descalificar lo femenino. Pero escribir sobre amor no es una debilidad: es escribir sobre lo que más nos define. El amor atraviesa la vida de todos, todos los días. ¿Por qué no escribirlo con profundidad?
— ¿Tenés algún referente literario?
— Sí, Isabel Allende. Es mi referente. Latina, fuerte, libre. Me inspira su carrera, su vida, su coherencia. Cuando tenga sus años, quiero seguir escribiendo como ella: con el alma intacta.
— ¿Y si hicieran una serie sobre tu vida?
— Sería interesante (risas). He tenido muchas vidas: abogada, madre, escritora. He dejado una vida por otra muchas veces. Me gustaría que se cuente eso, la cantidad de elecciones que hacemos en la vida adulta. Porque crecer es eso: elegir. Y cada elección deja algo atrás.
— ¿Te gustaría que “Secretos de sangre” llegue al cine o a una serie?
— Sí, pero con respeto. He tenido ofertas, pero muchas veces cambian tanto los guiones que prefiero decir que no. Me duele cuando desarman una historia que escribí con el alma. Si algún día lo hacen, quiero que mantenga su esencia.
— ¿Y ahora? ¿Qué proyectos vienen?
— Por ahora quiero disfrutar este libro. Estoy entre volver a escribir sobre la Segunda Guerra Mundial o irme a Roma. Me gusta escribir en épocas límite, cuando la vida se vive intensamente. Cuando cada día puede ser el último. Porque ahí, en esas circunstancias extremas, el alma humana se revela.
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