Fiel a su estilo directo, comprometido y cercano, María Julia Oliván volvió a alzar la voz en redes sociales para denunciar una situación de maltrato y discriminación que vivió su hijo Antonio, de 9 años, quien tiene autismo. El episodio ocurrió en un espacio de juegos infantiles y generó un fuerte debate sobre inclusión, empatía y derechos.
Desde su cuenta de Instagram, la periodista de Border relató lo sucedido y compartió un video grabado en el momento del conflicto. Según explicó, había llevado a Antonio a un espacio de juegos con trampolines, toboganes y circuitos dinámicos para que pudiera divertirse como cualquier otro chico. Sin embargo, la experiencia terminó siendo angustiante.
Oliván denunció que empleados del lugar comenzaron a apurar a su hijo para que se tirara de un tobogán, pese a que no había otros niños esperando detrás. “Mi nene estaba ahí parado, tarda más tiempo porque tarda más tiempo. Yo miraba si venía algún chico atrás para decirle ‘corréte’, pero no venía nadie”, se la escucha decir en el video.
Según su testimonio, lejos de contemplar la situación, los trabajadores insistieron en bajarlo. “Empezaron a decirle ‘bajate, bajate’. Se acercó otra chica y ahí ya me acerqué yo”, explicó, visiblemente molesta por el accionar.
Además, María Julia aseguró que no se trata de la primera vez que vive esta secuencia. “Es el segundo día que me lo bajan sin que haya público atrás. Eso no corresponde”, reclamó, dejando en claro que su hijo había sido tratado de manera diferente en más de una ocasión.
En otro tramo del video, la periodista mostró a varios empleados reunidos tras el reclamo. “Vino toda la patrulla. Uno, dos, tres, cuatro personas por el ‘desorden’ que armó Antonio”, ironizó, evidenciando la desproporción de la respuesta.
La denuncia de María Julia Oliván en redes sociales
Más allá del video, Oliván amplió su descargo en el texto que acompañó la publicación. Allí expresó su enojo y cansancio frente a este tipo de situaciones. “Que tengamos hijos con autismo no significa que cualquier gil pueda cronometrar el tiempo que tarda en tirarse de un tobogán o salir de un colchón de esponja. Esto no se lo hacen a los demás”, escribió.
También apuntó directamente a la dueña del lugar, con quien aseguró haber hablado previamente. “Le pido que no me llame y que use su tiempo en explicar algo tan simple como que un nene con autismo no es una amenaza. Solo se interviene si se está generando daño a sí mismo o a terceros”, señaló.
Para cerrar, sumó un detalle que consideró especialmente ofensivo: “Son tan ‘copados’ que si se dan cuenta de que tiene autismo te proponen media hora al precio de una. Mato la onda”, expresó con ironía. Y concluyó con una reflexión cargada de amor: “Por suerte, el amor de Antonio refracta cualquier situación de bronca”.
El testimonio de María Julia reabrió una conversación necesaria sobre inclusión, capacitación y respeto en espacios pensados para la infancia.
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