La salud de Felipe, el nene de dos años que fue diagnosticado con cáncer durante sus vacaciones en Florianópolis junto a su papá y su hermano Valentino, dio en las últimas horas un paso clave y alentador. Con sus indicadores vitales estabilizados, este martes está siendo trasladado en un avión sanitario al Hospital Garrahan, en Buenos Aires, donde comenzará el tratamiento de quimioterapia. Se espera que el menor llegue cerca de las 16 acompañado por su mamá y su abuela materna.
Su papá, Iván Nicolás Adamczuk, detalló a Clarín cómo se organizó el operativo de regreso y la situación familiar: “A las 13 tomó el avión junto a su mamá y abuela materna. Mañana vuelvo en auto con mi otro hijo Valentino y el abuelo a Resistencia. De ahí, me iré a Buenos Aires para estar con él”.
En un principio, según contó, la idea era iniciar cuanto antes el tratamiento en Brasil e incluso ya le habían colocado un dispositivo para administrar la medicación. “Entró en una intervención porque le están poniendo un chip para monitorear y colocar los medicamentos por esa vía”, relató. Sin embargo, la mejora en sus valores permitió que los médicos evaluaran la posibilidad de trasladarlo a la Argentina para continuar allí su atención.

Para los especialistas nunca fue una opción realizar el viaje por vía terrestre debido a la complejidad del cuadro. “Los médicos del hospital no aceptaron la ambulancia sanitaria porque es muy larga la distancia. Ellos no querían que sea por vía terrestre, sino por vía aérea y monitoreado”, explicó Iván.
Felipe estuvo internado en el Hospital Infantil Joana de Gusmão desde que se confirmó el diagnóstico de varios tumores en el tórax. Junto a él se encuentra su madre, María de los Ángeles, quien viajó de urgencia desde Resistencia, Chaco.
Felipe y el inicio de una odisea inesperada
La historia comenzó el 24 de enero, cuando Iván emprendió viaje con sus hijos hacia Florianópolis para pasar las vacaciones. Durante el trayecto, Felipe empezó a sentirse mal. “Intenté darle de comer, no quería, me rechazaba todo tipo de comida, excepto helado que había comprado en la terminal”, recordó con angustia. Al llegar al destino, lejos de mejorar, el cuadro empeoró: estaba decaído, sin apetito y sin ir al baño.

Preocupado, decidió llevarlo a un centro de salud. “Estaba muy irritable. No era mi hijo, entonces el 26 de enero lo llevé a UPA (Unidade de Pronto Atendimento)”, contó. Allí le indicaron que podía tratarse de un problema intestinal: “Lo atienden y medican, me dicen que podía ser algo de la flora intestinal, como que estaba empachado. Algo le había caído mal días antes de viajar”.
Cómo se descubrió que Felipe estaba cursando un cáncer
Como el diagnóstico no lo convencía, desde la guardia le sugirieron acudir al Hospital Infantil Joana de Gusmão para estudios más complejos. “Lo llevo y le sacan sangre, le hacen una tomografía y ahí salta una mancha más arriba en la zona del tórax. Ahí me dicen que podía ser neumonía”, relató. Pero horas después el panorama cambió drásticamente: “Nos internamos los dos. Empiezan a controlarlo y a la medianoche lo pasan a terapia intensiva con un posible diagnóstico de tumor en el tórax”.

Finalmente, llegó la confirmación: Felipe tiene cáncer. “El primero que sale es en la médula y me confirman que es un neuroblastoma”, confesó su papá, al explicar que se trata de un tipo de cáncer que afecta principalmente a bebés y niños pequeños. “Jamás nos imaginamos esto, pero toca vivirlo”, expresó.
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