Antonio Banderas habla despacio, pero no esquiva nada. A los 65 años, con una carrera que atraviesa décadas, países y lenguajes, el actor español decidió ponerle palabras a algo que durante mucho tiempo se romantizó: el costo emocional de triunfar en Hollywood.

En una entrevista con el canal y pódcast Ac2ality, Banderas repasó su experiencia en la industria estadounidense y fue directo: “Hollywood te arruina moralmente”. No lo dijo desde el resentimiento, sino desde la conciencia de alguien que estuvo ahí, lo tuvo todo y entendió —no sin dolor— que el precio podía ser demasiado alto.
La fama como “tortura china”
Al comienzo, la popularidad fue seductora. Pero con el tiempo, la exposición constante y la presión se transformaron en algo difícil de sostener. “La presión y la exposición se convierten en una auténtica tortura china”, explicó.

El actor recordó cómo, en su etapa más exitosa, llegó a experimentar despersonalización e indiferencia. “Me acuerdo de pensar: ‘Pues me voy a vengar haciendo mucho dinero. Si de esto va, a por ello. Me importaba una mierda todo’”, confesó, describiendo un momento en el que el éxito dejó de tener sentido y pasó a ser una huida.
Intimidad perdida y naturalidad en riesgo
Uno de los puntos que más lo marcaron fue la pérdida de intimidad. “Empiezas a darte cuenta de que pierdes tu intimidad, de que se te juzga de otra manera, de que cualquier cosa que dices tiene un peso extraordinario”, contó. Y agregó algo clave: cuando eso pasa, se pierde la naturalidad.

Para Banderas, el verdadero desafío no es llegar, sino volver. “El gran reto con el tiempo es recuperarla: volver a hacer y decir lo que creés que tenés que decir”, explicó.
También comparó la forma en que se vive el éxito en Estados Unidos y en España. Según él, en su país natal la fama puede convertir a las personas en sospechosos: “Se pasó de ser ciudadanos a ser sospechosos”. Y criticó la confusión entre valor artístico y celebridad, una mezcla que, según dijo, suele ser peligrosa.
El cuerpo pasa factura
Después de su divorcio, Banderas se refugió en el trabajo. Literalmente. “Hice siete películas seguidas. Sin descanso, sin irme a casa. Iba de hotel en hotel, de avión en avión”, relató.

Ese ritmo extremo tuvo consecuencias. “Cuando te metés en esa cueva, al final te llevás un bofetón. A mí me lo dio la vida, y fuerte”, dijo. El punto de quiebre fue un infarto, que lo obligó a frenar y replantearse todo. “Me podía haber matado. Tuve suerte de poder reaccionar”, reconoció.
Redefinir el éxito
Después de ese episodio, algo cambió para siempre. Banderas dejó de perseguir la rentabilidad económica y puso el foco en proyectos con sentido. Hoy, su prioridad es el Teatro del Soho CaixaBank (al que él mismo define como “el proyecto de mi vida”), un espacio cultural que construyó en Málaga y que considera su verdadero legado.
“Ni Hollywood ni nada. Este es el proyecto de mi vida”, afirmó con convicción. Para él, el éxito no es fama ni dinero. “El problema de la fama es creer que te pasó porque sos especial. Para mí, el éxito es hacer lo que querés hacer como querés hacerlo”, reflexionó.
Un consejo que no cambia
Cuando le preguntaron qué consejo se daría a sí mismo a los 20 años, no dudó: “No cambies nada. Hacé exactamente lo mismo”. No desde la nostalgia, sino desde la aceptación de que incluso los errores lo llevaron a entender qué valía la pena.
En el cierre, dejó una reflexión que excede a Hollywood: “La gente vive como si no se fuera a morir. Coleccionan cosas que no se pueden llevar”. Frente a eso, su apuesta es clara: menos acumulación, más sentido. Menos brillo vacío, más verdad.
Porque, como deja entrever en cada respuesta, el verdadero éxito —el que no arruina— empieza cuando uno vuelve a sí mismo.
Fotos: Fotonoticias
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