Este martes, Jimena Buttigliengo compartió en redes sociales un testimonio conmovedor: denunció que su exmarido, el decorador francés Willy Rizzo, no le permite ver ni hablar con sus hijos mellizos de 7 años, Willy Andrea y Lynda Rose.
“Mis hijos se fueron felices de vacaciones ilusionados y ahora están secuestrados en París por su padre y la familia. No me dejan hablarles y les cambiaron el look”, escribió en Instagram junto a imágenes del antes y después de los chicos.

La tensión escaló cuando mostró un correo que recibió de Rizzo en el que le advierte que, de ahora en más, cualquier contacto con los niños será únicamente en una comisaría del 8° distrito de París. “No hay ninguna posibilidad de que los veas fuera de ese ámbito. Todas las autoridades serán advertidas de que no tenés derecho a verlos”, se lee en el mensaje.
Conmovida, Jimena replicó en inglés: “¿Ahora tengo que ver a mis hijos a través de la policía? Yo soy su madre, necesitamos abrazarnos y besarnos”.
De la felicidad familiar al presente conflicto
La pareja se separó en 2023, tras varios años de convivencia entre París e Ibiza. Aunque hasta hace un tiempo habían logrado sostener cierta estabilidad, hoy el vínculo se encuentra atravesado por denuncias cruzadas y decisiones judiciales que aún no tienen resolución.

El presente contrasta con la imagen que Jimena compartía en 2018, cuando en una entrevista exclusiva con Para Ti hablaba de lo feliz que se sentía con su familia. La modelo recordaba el impacto que le causó encontrar entre sus fotos una imagen de Rizzo tomada años antes, mucho antes de conocerse. “Verlo ahí, estando embarazada de él, fue todo un impacto. Me quedé helada”, contaba entonces.
Por aquel tiempo, la pareja acababa de convertirse en padres de mellizos y ella describía esa etapa como la mejor de su vida: “Pasé de ser una modelo sin obligaciones a ser la cabeza de una casa en París y madre de mellizos. Nunca estuve más feliz”.
Una historia que parecía impensada
En aquella charla, Jimena relataba cómo había cambiado su vida de la independencia absoluta a la maternidad, y celebraba la complicidad de Rizzo como compañero. “A mí nunca me había pasado de enamorarme así. Fue todo muy rápido, enseguida se volvió algo serio”, resumía.

También hablaba de la importancia de mantener espacios propios y de disfrutar París como ciudad para criar a sus hijos. “Hoy veo que en realidad es el día a día: te levantás, pensás qué tenés por delante y lo afrontás con alegría”, decía con entusiasmo.
Ese testimonio de felicidad contrasta con la realidad actual: la de una madre que reclama poder volver a ver a sus hijos.
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