Karina Sarro es docente oriunda de Moreno y, hace unos días, su nombre se puso en lo más alto al integrar la lista del Global Teacher Prize 2024. Fue la única argentina en ser elegida entre los 10 mejores docentes del mundo, en este premio organizado por la Fundación Varkey junto a la Unesco. Su figura se destacó gracias al enorme trabajo que realiza en tecnologías aplicadas a la educación.
Es licenciada en Comunicación y especialista en Educación y Nuevas Tecnologías. Además, tiene un doctorado en Innovación Socioeducativa y diplomaturas en Robótica, en Herramientas didácticas y pedagógicas para la implementación de las TIC. Actualmente, enseña en dos secundarias para adultos, en una Politécnica de la Universidad de Moreno y en una secundaria de Francisco Narváez.
En diálogo con Para Ti, Sarro nos habló de su experiencia tras recibir este reconocimiento y también sobre los desafíos de la docencia, especialmente en el ámbito publico, frente al avance de las nuevas tecnologías.
-¿Cómo fue enterarse de la noticia de que figurabas entre los 10 mejores docentes del mundo?
-Cuando me dicen que había quedado en el Top Ten, no lo podía creer. Fue una mezcla de emociones intensas. Por un lado, una inmensa alegría y un orgullo enorme representar a la docencia argentina en el mundo. Por supuesto, que también es un sentimiento de responsabilidad ya que esto no es personal ya que visibiliza el esfuerzo de miles de docentes que trabajan cada día por transformar la educación. Fue emocionante pero reafirmó mi compromiso con la educación pública y la innovación dentro del aula.


-Representás a la educación pública, estudiaste en la universidad pública y enseñás en el ámbito público, ¿cómo es levantar esa bandera todos los días?
-Para mí, es un honor por supuesto y considero que la educación pública es un pilar fundamental de la sociedad y creo firmemente en su poder transformador. Enseñar en este ámbito me permite garantizar que todos nuestros alumnos, sin importar su contexto, puedan acceder a una educación de calidad. Me brindaron herramientas de formación para ser la docente que soy y puedo devolver a la comunidad todo lo aprendido. Esa es mi forma de agradecer y de seguir apostando por una educación equitativa e inclusiva.
-¿Cómo es trabajar con la tecnología en las aulas a pesar de la falta de herramientas y acceso?
-Es un desafío constante pero también es una oportunidad para desarrollar la adaptabilidad y la creatividad. La brecha digital es una realidad pero eso no significa que no podamos hacer innovaciones con lo que tenemos. Muchas veces utilizo metodologías que no requieren conectividad. Hacemos actividades "unplugged", implementamos el pensamiento computacional, hacemos actividades de programación corpóreas, esto de reinventarse.
Por supuesto, si tenemos la posibilidad, nos adecuamos a ella. Además, promuevo el trabajo cooperativo, colaborativo y la gestión de recursos compartidos para que ningún estudiante quede excluido. Lo importante es entender que la tecnología es una herramienta pero lo esencial es el enfoque pedagógico que se le da.
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-¿Cuáles crees que son las carencias y fortalezas de la educación argentina hoy en día?
-Una fortaleza clave es el trabajo de los docentes. Siempre resalto el trabajo de mi equipo, colegas que ayudan y colaboran, grandes directivos que se suman a esta apuesta. A pesar de los desafíos siempre hay un compromiso enorme con la enseñanza y esa pasión por formar. Obviamente enfrentamos dificultades, adversidades, carencias, a veces faltante en lo edilicio, la brecha digital. Me parece que hay que ver las necesidades de actualizar los diseños curriculares para acompañar mejor las demandas, es fundamental seguir trabajando en políticas educativas que fortalezcan el sistema y que garanticen condiciones de enseñanza y aprendizaje adecuadas.
-¿Cuándo surgió tu consultora educativa E-pekes?
Nació en 2018 cuando empiezo el Plan Provincial de Robótica Educativa en la provincia de Buenos Aires y fui parte de todo ese proceso. Observé que las clases eran más dinámicas, creativas y divertidas cuando hacíamos uso de algún soporte tecnológico. Me parece que ahí es cuando esto nace como una iniciativa para acompañar a docentes y alumnos en el uso adecuado de la tecnología.
Ahí surge poder ofrecer capacitaciones, sensibilizar a los docentes, colaborar en la formación docente, elaborar diseños interdisciplinarios, la planificación de actividades innovadoras de manera que podamos buscar que la tecnología sea una aliada y no una barrera para el aprendizaje. Siempre desde una mirada pedagógica y adaptada a la realidad de cada escuela.

-¿Cuál creés que será el impacto de las IA en la educación dentro de unos años?
-La Inteligencia Artificial hace bastante que está transformando la educación y seguirá creciendo. Puede ser una herramienta poderosa que colabore a personalizar el aprendizaje, identificar dificultades de los estudiantes en tiempo real, optimizar los procesos educativos, brindarnos herramientas también para la creación de proyectos, el armado de alguna bitácora y que podamos hacer uso de la misma, pero siempre con una explicación, siempre acompañándolos.
También debemos reflexionar sobre algo muy importante, su uso ético y garantizar que no amplíe las desigualdades. Me parece que el rol del docente seguirá siendo clave, porque yo no creo que la IA no reemplaza el vínculo humano ni la creatividad en la enseñanza. Por supuesto que espero que dentro de unos años la Ia esté integrada de manera equitativa y responsable en nuestras aulas.
-Después de este gran reconocimiento, ¿qué creés que te queda por alcanzar en tu carrera?
-Bueno, yo siempre digo que sigo estudiando, eso no se termina más, porque creo que el aprendizaje nunca finaliza. Obviamente que este reconocimiento es algo muy importante pero mi objetivo sigue siendo el mismo, seguir enseñando, aprendiendo y construyendo a la mejora de la educación. Me gustaría ampliar el impacto de E-Pekes, seguir generando espacios de capacitación para los colegas y, por supuesto, continuar innovando. La educación es un desafío constante y ese es el verdadero motor de mi carrera.
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Créditos fotos: Karina Sarro
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