Decoración del horror: así era la casa de Jeffrey Epstein por dentro
 

La decoración del horror: qué revelan los objetos de la casa de Jeffrey Epstein

Epstein deco del horror  
Las imágenes del interior de su mansión volvieron a circular tras la desclasificación de archivos judiciales. Más allá del lujo, los objetos, las obras y la puesta en escena construyen un clima inquietante que hoy invita a una lectura distinta, desde la criminología y la sensibilidad contemporánea.
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Las imágenes de la casa de Jeffrey Epstein volvieron a circular en redes y generaron una reacción inmediata: incomodidad, rechazo, preguntas. No se trata solo de lujo extremo o excentricidad. Hay algo más. Algo que inquieta.

A partir de un análisis propuesto por Laura Quiñones Urquiza, especialista en criminología y perfiladora criminal, las imágenes permiten abrir otra mirada. En diálogo con Para Ti, explica: "No se trataba de una decoración convencional ni neutral. Al ingresar, llamaba la atención la abundancia y recurrencia de arte con desnudos, figuras infantiles de tamaño natural y una acumulación de objetos que resultaba asfixiante, perturbadora, los colores fuertes, papel decorativo, exceso que en algunos ambientes desemboca en una sensación de oscuridad propio de un sótano o mazmorra".

En las imágenes no aparece la idea clásica de vivienda. No hay señales claras de vida cotidiana, descanso o intimidad. Los ambientes funcionan más como escenarios que como refugios. Todo parece dispuesto para ser visto, no habitado.

Esa elección no es inocente. "Los objetos no parecen haber sido elegidos con un fin decorativo. Funcionan más bien como elementos simbólicos, colocados para ser acumulados y generar impacto", señala Quiñones Urquiza. Desde la perfilación, los espacios hablan de quien los diseña y los ocupa. En este caso, la reiteración de objetos disruptivos, infantiles fuera de contexto y figuras que observan genera una atmósfera de control y dominación simbólica.

Epstein deco del horror  
Algunas de las perturbadoras imágenes que analiza Quiñones Urquiza de los archivos desclasificados de la investigación sobre Epstein (criminalprofile)

Lo infantil fuera de lugar

Uno de los puntos más perturbadores es la presencia de elementos asociados a la infancia en espacios claramente adultos. No están ahí como recuerdo afectivo ni como decoración nostálgica. Están descontextualizados, expuestos, a veces incluso intervenidos.

Esta tensión constante entre lo lúdico y lo inquietante produce un efecto claro: incomodar. "Se observa una insistencia particular en la figura de la bailarina clásica, con imágenes, esculturas y referencias corporales que refuerzan una elección estética repetida y no casual", advierte. Y en criminología, esa incomodidad no se descarta. Se observa.

Miradas, cuerpos fragmentados y silencios

Máscaras, esculturas sin rostro, figuras que miran. La repetición de cuerpos incompletos o deformados construye un clima donde el otro aparece cosificado, fragmentado. No hay encuentro, hay observación.

Desde la lectura profesional, estas elecciones estéticas pueden vincularse con dinámicas de poder: quién mira, quién es mirado, quién controla el espacio. "La presencia reiterada de desnudos, especialmente de cuerpos jóvenes o infantiles, puede leerse como un recurso para naturalizar la desnudez y desdibujar límites, bajo una supuesta justificación artística. Un niño, púber o adolescente que ha sido seducido por el encanto de esta pareja (N. de R: Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell), llega a este lugar, observa obras que incluyen niños en situaciones donde se los ve contentos, pinturas de tamaño natural de desnudos, termina de convencerse de que no hay nada malo, este modus operandi es habitual para derribar el pudor y lograr la desinhibición de las víctimas. Incluso en una cocina se observa un bebé desnudo siendo bañado en una bacha, lo que para algunos es arte o una imagen tierna, para otros es pornografía", analiza.

Epstein deco del horror  
Algunas de las perturbadoras imágenes que analiza Quiñones Urquiza de los archivos desclasificados de la investigación sobre Epstein (criminalprofile)

Lo que estas imágenes no dicen

Es fundamental marcar un límite ético: una casa, sus objetos o su decoración no prueban delitos. No reemplazan testimonios, causas judiciales ni condenas. No acusan.

Pero sí permiten pensar. "La acumulación de muebles, estilos y objetos responde a una lógica compulsiva: no parece haber un criterio estético claro, sino la necesidad de juntar cosas caras, de colors fuertes, siempre con la misma temática sexual explícita como se observa en uno de los adornos de cerámica de una de las salas, porque sin importar si Epstein o Ghislain eligieron alguno o todos los objetos, es el convivir ahí con -por ejemplo- una figura con forma de mujer vestida de novia, colgada del techo y agarrada de una liana o soga cuando uno entra a la casa. Es lo que asimilan y presentan al mundo y a sus víctimas como su hogar, su refugio, lo que resulta significativo. Esta acumulación de cosas es consistente con la acumulación de material de explotación infantil que tenían y que habrían producido tal como se observa en los archivos desclasificados", observa la especialista.

Y continúa: "Este aspecto de acumulación compulsiva es algo que suele comprobarse en los allanamientos de los consumidores y distribuidores de M.E.S.I, acumulan cientos de miles de imágenes que saben que ni siquiera van a llegar a abrir".

Ayudan a comprender una subjetividad, una forma de habitar el mundo y de construir escenarios que hoy, a la luz de lo que se sabe, resultan profundamente perturbadores.

Epstein deco del horror  
Algunas de las perturbadoras imágenes que analiza Quiñones Urquiza de los archivos desclasificados de la investigación sobre Epstein (criminalprofile)

Mirar sin morbo, entender sin justificar

El desafío al abordar estas imágenes es no caer en el espectáculo ni en la sobrelectura. Mirarlas desde una clave profesional y humana permite algo distinto: correrse del impacto fácil y abrir preguntas más profundas.

Porque a veces, cuando las palabras no alcanzan, los espacios hablan. "El espacio resulta visualmente opresivo. La saturación de colores, texturas y objetos genera una sensación claustrofóbica, más cercana a un encierro que a una vivienda", concluye. Y escuchar lo que dicen -con cuidado, con contexto, con respeto- también es una forma de entender.

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