Aline Pereira Ghammachi, una religiosa brasileña de 41 años, generó un fuerte impacto en la Iglesia Católica cuando decidió dejar su vida de clausura. Hasta hace poco, era la abadesa más joven de un monasterio cisterciense en Italia, cargo que ocupó desde los 33 años. Sin embargo, su historia dio un giro inesperado y ahora se convirtió en símbolo de denuncia y controversia.

El conflicto con el Vaticano
El caso comenzó con una carta anónima enviada al Papa Francisco hace dos años. Allí se acusaba a Aline de manipular y maltratar a otras monjas, además de ocultar información financiera. Una primera auditoría, realizada en 2023, no encontró pruebas para avanzar y sugirió archivar la causa. Pero en 2024 el caso fue reabierto, y según Aline, esto fue impulsado por el abad fray Mauro Giuseppe Leporia, quien habría dicho que era “demasiado bonita para ser abadesa, o incluso para ser religiosa”.

El Vaticano envió una nueva visitadora apostólica que, tras una entrevista con Aline, concluyó que era una persona “desequilibrada” y que las hermanas le tenían miedo. La decisión de destituirla fue comunicada de manera informal, sin permitirle defenderse. “Me destruyeron sin pruebas”, expresó la exabadesa.
El 28 de abril de 2025, Aline abandonó el convento. Su salida coincidió con un momento sensible: la muerte del Papa Francisco y la elección del nuevo Papa León XIV. En su lugar, fue nombrada una nueva superiora de 81 años.
Un convento dividido
La salida de Aline generó un quiebre interno. Once de las veintidós monjas del convento decidieron marcharse junto a ella, denunciando presiones y un clima de intimidación. Actualmente, Aline vive en Milán con su hermana y apeló su caso ante el Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica del Vaticano. También evalúa iniciar acciones legales por fuera del ámbito eclesiástico.

Aline confía en que el nuevo Papa escuche su reclamo: “Es un canonista que lucha por los derechos humanos. Solo pido justicia”.
El paso por las redes: de la clausura a Instagram
Con formación en Administración de Empresas y experiencia en medios de comunicación, Aline decidió usar las redes sociales como una herramienta para contar su verdad. Abrió una cuenta de Instagram donde compartió no solo su testimonio, sino también momentos cotidianos con las otras cinco hermanas que se fueron con ella. Subía videos de oración, entrevistas con periodistas y reflexiones espirituales.


En poco tiempo reunió miles de seguidores. Aunque hoy la cuenta ya no está activa, durante meses fue una vía de visibilización de su conflicto con la Iglesia. Ese intento de convertirse en “influencer religiosa” buscaba no tanto fama, sino justicia.
Suscribite al newsletter de Para Ti
Si te interesa recibir el newsletter de Para Ti cada semana en tu mail con las últimas tendencias y todo lo que te interesa, completá los siguientes datos:

