La imagen que no debería existir: Angelina Jolie denuncia la represión en Irán a través del dolor de una niña - Revista Para Ti
 

La imagen que no debería existir: Angelina Jolie denuncia la represión en Irán a través del dolor de una niña

Una foto publicada por Angelina Jolie muestra a una nena de siete años abrazada a la tumba de su madre, asesinada por el régimen iraní. No es solo una denuncia política: es una escena que obliga a mirar el costo humano de la represión.
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Angelina Jolie compartió una foto en su cuenta de Instagram que estremece. Una nena de siete años, el cuerpo vencido sobre una tumba. La tumba de su madre. No sabemos qué dice la niña. No hace falta. El lenguaje del dolor no necesita subtítulos.

Angelina Jolie impactó en Toronto 2025 con un trench de Gabriela Hearst llevado como vestido, evocando su icónico look de los Oscars 2012.
Angelina Jolie interpela desde sus redes sociales.

Su madre se llamaba Parisa Lashkari. Tenía 30 años. Murió el 10 de enero en Noorabad, en la provincia iraní de Fars. Salió a la calle a pedir lo que en otros lugares se da por sentado: derechos, dignidad, libertad. Murió por eso. Y su hija quedó sola, demasiado pronto, aprendiendo una lección que ningún chico debería aprender: que el poder puede matar.

Angelina Jolie escribió una frase breve, casi mínima: “Ningún niño debería tener que soportar tanto dolor”. Es una oración simple, pero pesa como una lápida. Porque no describe una excepción, sino un sistema.

En Irán, la represión no es un episodio aislado. Es un método. Los ayatolás y los pasdaran persiguen, encarcelan, torturan y asesinan a quienes se atreven a pedir cambios. Las protestas continúan. También las muertes. Y, como suele ocurrir, las mujeres y los niños terminan pagando un precio que no eligieron.

El régimen insiste en llamar “propaganda occidental” a las denuncias. Pero las imágenes filtradas desde el país cuentan otra cosa. No son consignas: son cuerpos. No son discursos: son tumbas. Y, a veces, una nena arrodillada frente a una lápida.

Esa niña —el rostro cubierto, el cuerpo pequeño— se vuelve una acusación imposible de neutralizar. No grita consignas. No levanta pancartas. Hace algo mucho más incómodo: muestra lo que queda. El saldo humano del miedo a perder el poder. Un poder que no se sostiene en el consenso, sino en la violencia.

Que una estrella de Hollywood alce la voz puede parecer secundario. Y, sin embargo, vuelve a ocurrir lo mismo: hace falta una figura famosa para que el mundo mire durante unos segundos lo que sucede todos los días. No porque la tragedia empiece cuando se publica una foto, sino porque recién entonces logra atravesar el ruido.

Mientras tanto, la política internacional intenta reaccionar. Alemania e Italia presionan para que la Unión Europea incluya al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica en la lista de organizaciones terroristas y avance con sanciones contra quienes reprimen y asesinan civiles. Son gestos. Importantes, sí. Pero tardíos frente a un dolor que ya ocurrió.

Al final, lo que queda no es el posteo de Angelina Jolie. Lo que queda es esa escena: una niña sola, inclinada sobre la tumba de su madre, convertida en símbolo involuntario de una dictadura que no tolera la libertad.

Hay imágenes que uno quisiera no haber visto nunca. Pero una vez vistas, ya no permiten mirar hacia otro lado.

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