Larga vida al emperador
 

Larga vida al emperador

Muerte de Valentino Garavani
Murió Valentino Garavani, el diseñador de moda contemporánea dueño de un imperio de moda exquisita y sofisticada. Fue el maestro de la elegancia y de la sofisticación y el artífice de un estilo de vida exclusivo.
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Valentino Garavani fue el diseñador de elites, de celebridades y de la realeza en una época sin redes sociales, un dato que aunque parezca intrascendente, hace a la historia. La moda era más honesta.

Valentino siempre estaba impecable y bien vestido aún durante el verano, en la playa o a bordo de su yate. Dicen que durante el verano, en su atelier, el aire acondicionado estaba siempre al máximo para que todos pudieran vestir trajes. Esa impecabilidad hablaba de una coherencia entre su manera de ver, vivir y sentir la moda y trasladarla a sus diseños. Vendía ropa, sí, pero también vendía pertenencia, excentricidad, lujo y el estilo de vida que muchos querían y pocos accedían. Era un personaje en sí mismo envuelto en un aura de sofisticación donde el buen gusto y el éxito caminaban a la par.

Fue un diseñador que hizo de sus clientas sus amigas y las hacía también parte de su vida privada, un detalle que no es casual ya que ese detalle era parte de su trabajo como comerciante de moda. Fue uno de los primeros en entender que las relaciones sociales son una parte fundamental del negocio. Pertenecía a una elite y ese era su mejor secreto ya que conocía desde adentro a sus clientas y amigas, sabía quienes eran, cuándo y cuanto querían destacar y de qué manera hacerlo. Dicen que pertenecer tiene sus privilegios y ese privilegio lo hizo millonario. un privilegio que tuvieron incluso algunas mascotas. Karl Lagerfeld hizo de su gato Choupette un personaje importante. Para Valentino sus perros pug fueron parte de su entorno íntimo.

Valentino Garavani. Créditos: Fotonoticias.

Compartía la vocación por la moda con su tía Rosa, de la que fue aprendiz y con la ayuda de su madre Teresa de Biaggi pudo con 17 años viajar a París para estudiar en la Escuela de Bellas Artes donde comenzó sus estudios. Cristóbal Balenciaga, Jean Dessès y Guy Laroche fueron sus maestros. Junto a Giancarlo Giammetti, su socio y compañero en la vida y en los negocios, se instaló en Roma en 1960 con su primera tienda en la Vía Condotti, la calle más exclusiva de la ciudad.

Y si bien fue el mejor representante de la costura italiana presentaba todas sus colecciones en París, algo que los italianos nunca terminaron de entender. Tampoco quisieron. Fue uno de los pocos diseñadores vivos que, durante su carrera, también pudo inspirarse en su propio legado y reconstruir y reafirmar su propia visión de moda. Fueron 45 años de trabajo ininterrumpido. Y, aunque también conoció la bancarrota, su camino siempre estuvo sembrado de éxitos.

Su primer batacazo como diseñador fueron los elegantes pijamas de noche que le diseñaba a su amiga la princesa Irene Galitzine y que armaron los cimientos de su imperio de moda.

El diseñador durante un desfile en París en 2006. Créditos: Fotonoticias.

Sus vestidos fueron siempre muy elegantes alejados del minimalismo y cercanos a un maximalismo controlado desde lo chic con detalles de encajes, lazos, terciopelos, bordados, drapeados y volados que a veces convivían todos juntos en una armonía que pocos sabían conjugar. Hoy no lo logra ni Alessandro Michele, el actual director creativo de la firma con sus diseños afanosamente inspirados en el legado.

Hizo de la elegancia femenina su mejor patrón. Le gustaba que las mujeres se vean y se sientan bellas. "Sé lo que quieren las mujeres, quieren ser bellas" afirma en un momento del documental dirigido por Matt Tyrnauer, Valentino: Último Emperador, que se conoció en 2009 y que reúne dos años de grabaciones puertas adentro y puertas afuera.

Valentino Garavani, sinónimo de lujo, glamour y alta costura. Créditos: Fotonoticias.

Si bien el rosso Valentino fue su color insignia y el que lo identificará a través del tiempo, fue la colección blanca de 1968 la que lo destacó como el couturier màs refinado. Una marea de prendas níveas con diseños exquisitos de cortes nítidos con texturas como lana, encaje y seda. Un éxito inspirado en el diseño del vestido de Jackie viuda de Kennedy cuando ese mismo año se casó con Aristóteles Onassis: un modelo corto de encaje y seda que recorrió e inspiró al mundo.

Además son famosos el traje con cuello de marta cibelina que usó Farah Diba para huir de Irán cuando su esposo, el Sha de Persia, fue separado del gobierno, del vestido columna drapeado con ruedo de plumas que Elizabeth Taylor llevó al estreno de Espartaco en Roma en 1960 y del vestido blanco y negro con el que Julia Roberts recibió el Oscar como mejor actriz en 2001.

El diseñador del bronceado eterno y del peinado perfecto era dueño de una personalidad que muchas veces lo hacían parecer pedante aunque gracias a su carisma era muy seductor, tanto como un encantador de serpientes. Era consciente de su nombre y de quien era como persona y como diseñador y, aunque tenía un ego elevado, no dudó en aparecer pocos segundos en la película El Diablo viste de Prada para estar a la altura en una película que habla de la industria de la moda. Aún desligado de su empresa siempre se hizo tiempo para sentarse en la primera fila de los desfiles de quienes siguieron sus pasos en la empresa. Todavía se lo recuerda cuando aplaudió de pie con lágrimas en los ojos la colección de Pierpaolo Piccioli para Valentino alta costura invierno 2018. Un marketing y una manera de seguir siendo parte.

Vivió en pos de la belleza como un rey rodeado de lujo y sofisticación y se retiró en 2008 cuando cumplió 45 años con la moda habiendo convertido a la elegancia en un lenguaje universal. Un lenguaje muy adecuado para aquella época y que hoy, quizás, se ve un poco vetusto.

Aunque estaba en la vereda de enfrente, los años 80 con el reinado del minimalismo y de la moda grunge no lo afectaron en absoluto. Al contrario, supo seguir en la cresta de la ola. Su marca fue la mayor exportadora de moda de Italia, con envíos de hasta 385 millones de dólares en 1986, todo un récord para una industria en la que no existían los problemas de hoy. La moda por aquellos días no contaminaba el planeta y nadie se atrevía, aún, a repetir un vestido enarbolando la bandera del reciclaje.

En plena semana de la moda masculina milanesa el último emperador ha muerto. Valentino Ludovico Clemente Garavani nacido en Voghera, Italia, el 11 de mayo de 1932 y murió hoy en Roma a los 93 años. Con su desaparición se cierra un nuevo e increíble capítulo de la historia de la moda. Queda un legado de vestidos e historias increíbles de una época única e irrepetible.

El mundo de la moda despide a Valentino Garavani, una leyenda del diseño italiano. Créditos: Fotonoticias.

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