“Las peores horas fueron esas”. Con esa frase, simple y devastadora, Macarena Collantes resume el momento en que llegó a Pinamar y entendió la gravedad del accidente que había sufrido su hijo, Bastián, de 8 años. Hasta entonces, nada de lo que había imaginado se acercaba a la realidad.
Macarena habló en exclusiva con La Nación. Estaba en Buenos Aires cuando ocurrió el accidente. Su rutina transcurría como cualquier otro día: trabajo por la mañana en el hospital de Moreno, trabajo por la tarde en una carnicería. Fue allí donde sonó el teléfono. En la pantalla aparecía el nombre de su exmarido, Maximiliano Jerez, el papá de Bastián. Pero al atender, del otro lado de la línea había otra voz.
“Me dijeron que Bastián y Maxi habían tenido un accidente. Me asusté muchísimo”, recordó. En ese primer momento, su cabeza buscó una explicación posible, casi tranquilizadora: una fractura, un golpe sin mayores consecuencias. “Nunca pensé que se había lastimado la cabeza”, dijo.
El viaje hasta la costa fue una espera interminable. Recién al llegar a Pinamar, acompañada por su hermana, empezó a tomar dimensión de lo ocurrido. “Todo fue un caos”, describió. A Bastián no pudo verlo: ya estaba internado en terapia intensiva. Sí vio a Maxi. “Estaba parado, en un estado tremendo. Nos abrazamos. Ahí fueron las peores horas”.
Lejos de cualquier reproche, Macarena fue clara al hablar del vínculo con el padre de su hijo. “No estoy enojada con él. Hace seis años que estamos separados y es un buen padre”, aseguró. Contó que comparten la crianza, que nunca hubo conflictos y que su prioridad, hoy, está puesta en una sola cosa: la salud de Bastián.
En medio de la incertidumbre médica, hubo un momento que le devolvió algo de aire. El reencuentro con su hijo. “Ayer abrió los ojos y me miraba, como perdido. Yo le decía ‘hola, hijo’”, relató, con la voz atravesada por la emoción. “Tengo una mezcla de sentimientos enorme, pero tengo fe”.
Según explicó, el último parte médico fue alentador. Bastián continúa en terapia intensiva, pero ya respira por sus propios medios y se encuentra estable desde el punto de vista hemodinámico. También evolucionó bien en los controles abdominales y respiratorios. La mayor cautela sigue puesta en lo neurológico, un proceso que requiere tiempo y seguimiento.
Por ahora, no hay definiciones sobre un posible traslado a Buenos Aires. “Hay que esperar”, dijo Macarena, sin apresurar plazos ni promesas. “Cuando el tema de la cabeza esté más claro, ahí sí queremos volver”.
Antes de cerrar, eligió agradecer. Al personal del hospital de Pinamar, a quienes participaron del traslado, y también a personas desconocidas que se acercaron con gestos pequeños pero inmensos. “Nos trajeron estampitas, rezaron por él. Tengo fe de que mi hijo se va a levantar de la cama”, expresó. Y pidió algo más: “Que sigamos orando por él”.
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