María escapó de una colonia menonita: por qué habló ahora
 

"Lo que pasa dentro no es religión, es sometimiento": María, la mujer que escapó de una colonia menonita, dio más detalles del horror que vivió

Luego de que su historia saliera a la luz, María —la mujer de 34 años que en 2019 logró escapar de una colonia menonita de La Pampa— explicó por qué decidió hablar ahora: una brutal golpiza de su ex pareja y la sustracción de sus hijas volvieron a exponer el drama que asegura haber vivido durante años dentro de la comunidad.
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Hace casi ocho años, María Unger Reimer tomó una decisión que, según sus propias palabras, podía “costarle la vida”: escapar de la colonia menonita Nueva Esperanza, en La Pampa. Tenía entonces dos hijas pequeñas y un entorno marcado por reglas estrictas, silencios y violencia. Sin embargo, su historia permaneció en la sombra hasta ahora. ¿Por qué recién hoy se conoce su caso? La respuesta está en un episodio reciente y brutal que la obligó a romper definitivamente el silencio.

María tiene 34 años y fue la primera mujer en abandonar la comunidad en 2019. Durante años reconstruyó su vida lejos de ese entorno. Actualmente reside en Tucumán, donde trabaja en una finca y formó una nueva familia. Pero su vínculo con la colonia nunca terminó del todo: allí seguía viviendo su hija mayor, y esa situación la mantuvo atada emocionalmente a un lugar del que había huido para sobrevivir.

Yo fui la primera en irme. En 2019 me escapé de la comunidad. Me fui en colectivo. Tenía dos hijas. Me fui porque ya no podía más”, relató a Diario Textual. En ese entonces, explicó, la violencia psicológica y física, sumada al control permanente, la llevaron al límite: “Te dicen que si te vas, vas a ir al infierno… Te hacen sentir que no hay salida”.

María, la mujer que escapó de una comunidad menonita en La Pampa, se animó a contar su caso.

Por qué habló ahora

La historia salió a la luz tras un regreso que terminó en agresión. María volvió a La Pampa por un motivo familiar —su madre estaba internada— y aprovechó la estadía para intentar, una vez más, favorecer el vínculo entre su hija y el padre. Lo que ocurrió ese domingo, según su testimonio, cambió todo.

Pasó lo impensado y doloroso”, dijo. Contó que al llegar a la casa de su exmarido advirtió que había consumido alcohol y que la situación se tornó violenta. “Empezó a querer abusar de mí sexualmente. Me negué. No me dejaba irme. Entonces comenzaron los golpes”, describió. También aseguró que fue amenazada de muerte y que sus hijas presenciaron la escena.

Tras lograr escapar, llamó a la Policía, fue trasladada al hospital de Guatraché y luego realizó una denuncia penal. “Tengo certificados médicos que acreditan las lesiones. Estaba golpeada, dolorida, en shock”, sostuvo. Las imágenes que trascendieron muestran un ojo morado y signos visibles de la agresión.

María, la mujer que se escapó de una colonia menonita de La Pampa

El conflicto por sus hijas

Horas después, ya en Santa Rosa, ocurrió otro episodio que terminó de exponer públicamente su situación. Según denunció, un grupo de hombres de la comunidad —entre ellos su ex— se llevó a las niñas en una camioneta sin su consentimiento. “No me preguntaron. No me pidieron permiso. Se las llevaron. Yo corrí, grité, llamé al 101”, expresó.

Para María, este hecho confirmó lo que viene denunciando desde hace años: que salir de la colonia no implica quedar a salvo. “La comunidad siempre favorece al que se queda… Al que se va, lo persiguen”, afirmó. Y sintetizó su experiencia en una frase que hoy funciona como eje de su relato público: “Salir de la comunidad cuesta la vida. Quedarse, también”.

María tiene 34 años y hace 7 que decidió escapar de la colonia.

Una vida reconstruida, pero en alerta

Lejos de La Pampa, María intenta sostener una rutina distinta. Vive en Tucumán, en pareja, y trabaja en una finca. Con ella reside su hija menor y también tiene una niña de 5 años fruto de su nueva relación. Sin embargo, la situación judicial por la restitución de sus hijas mayores y la denuncia por lesiones la mantienen en permanente tensión.

En su testimonio también envió un mensaje directo a jueces y fiscales que intervienen en las causas: pidió que se escuche la verdadera voluntad de las niñas y que se evalúe el contexto de presiones y amenazas que —según afirma— existe dentro de la comunidad.

No quiero callar más”, dijo. Y explicó que su decisión de hablar ahora no responde a una búsqueda de exposición sino a una necesidad urgente: “Quiero a mis hijas conmigo… No quiero que mis hijas crezcan creyendo que el miedo es normal”.

Después de años de silencio, fue la violencia reciente la que la empujó a contar su historia. Una historia que comenzó con una huida en 2019 y que hoy continúa en tribunales, hospitales y denuncias, pero también en una convicción personal: visibilizar lo que vivió para que, según sus propias palabras, “esto no se repita una y otra vez”.

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