Murió arrastrada por el aire: la historia de Brooke Day, la snowboarder que cuidaba a otros y no pudo salvarse a sí misma - Revista Para Ti
 

Murió arrastrada por el aire: la historia de Brooke Day, la snowboarder que cuidaba a otros y no pudo salvarse a sí misma

Tenía 22 años, amaba la nieve desde los 11 y llevaba una mochila pensada para rescatar vidas. Fue esa misma mochila la que quedó atrapada en una aerosilla en Japón y transformó un día más en la montaña en una despedida inesperada.
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Hay objetos que acompañan. Y hay objetos que, sin quererlo, traicionan. La mochila de Brooke Day pertenecía al primer grupo. Al menos hasta ese 30 de enero.

Brooke tenía 22 años, era australiana, snowboardista avanzada y estaba viviendo su cuarta temporada extendida de nieve en Japón. La montaña no era un escenario exótico para ella: era su casa emocional. Había aprendido a leerla, a respetarla, a cuidarse en ella. Incluso a cuidar a otros.

Pocas semanas antes de morir, Brooke había completado un curso intensivo de avalanchas. Con ese conocimiento reciente, logró rescatar a cuatro personas que se encontraban en situaciones de riesgo. Para protegerse —y proteger a su grupo— llevaba siempre puesta una mochila de rescate, de esas pensadas para ganar segundos cuando todo se vuelve blanco, abrupto y urgente.

Ese día, en el Tsugaike Mountain Resort, en la prefectura japonesa de Nagano, la mochila estaba ahí por las razones correctas. Pero algo mínimo cambió el destino.

Brooke Day
Brooke Day amaba los deportes de nieve.

Mientras subía a la aerosilla alrededor de las 9 de la mañana, una hebilla del cinturón desabrochado de la mochila quedó enganchada en el sistema del elevador. La correa del pecho estaba ajustada. La mochila no se soltó. Brooke tampoco. El cuerpo fue levantado. Arrastrado. Suspendido en el aire.

Según informaron las autoridades del centro de esquí, Brooke sufrió un paro cardíaco durante el accidente. Fue trasladada de urgencia al hospital. Murió horas más tarde. Su familia llegó a Japón a tiempo para estar con ella. Dijeron que falleció en paz, en la madrugada del domingo, hora australiana.

En el comunicado que compartieron, hablaron de su amor por el snowboard desde los 11 años. De su experiencia. De su compromiso con la seguridad. De esa mochila que llevaba para salvar vidas y que terminó siendo parte del accidente.

A veces la tragedia no tiene villanos claros. Solo una cadena de hechos mínimos, casi invisibles, que se alinean de la peor manera posible.

El centro de esquí expresó sus condolencias y aseguró que responderá con respeto y sinceridad a la familia. Mientras tanto, amigos, conocidos y desconocidos comenzaron a dejar mensajes, recuerdos y donaciones en una página de GoFundMe creada para cubrir los gastos funerarios.

“Estamos eternamente agradecidos por tus 22 años como nuestra hija y hermana pequeña”, escribieron. Y también: “Brookie, vivirás por siempre en nuestros corazones y mentes. Descansá en polvo y triturá las montañas del cielo. Te amamos infinitamente”.

Tal vez eso sea lo único que queda cuando el cuerpo ya no está: una imagen suspendida. Brooke bajando una pendiente imposible. Brooke leyendo la nieve. Brooke cuidando a otros.
Brooke flotando —esta vez sí— en una montaña que no duele.

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