Marikena Monti murió este sábado por la mañana a los 82 años. La noticia fue confirmada por el secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli, quien la despidió públicamente con un mensaje cargado de afecto y reconocimiento.
“Se va una artista enorme, una voz imprescindible de la cultura argentina”, escribió el funcionario, y destacó no solo su trayectoria artística sino también su dimensión humana: “Para mí, además de todo eso, fue una amiga. Alguien cercana, generosa y sensible”.
Con una carrera que atravesó más de cinco décadas, Marikena Monti fue una de las grandes intérpretes de la música y el teatro argentino. Dueña de una voz inconfundible y de una sensibilidad artística singular, construyó un recorrido coherente, comprometido y profundamente ligado a la escena cultural del país.
Quién era Marikena Monti
Nacida en Casilda el 22 de mayo de 1943, inició su camino artístico en 1965 como integrante del Teatro Universitario Franco-Argentino (TUFA). Desde fines de los años sesenta comenzó a destacarse en recitales en francés en la Alianza Francesa de Buenos Aires, donde compartió escenario con figuras como Elena Mignaquy, Claudia Lapacó y Mónica Cahen D’Anvers.
En 1969 fue parte del espectáculo Canciones en informalidad, presentado en el Instituto Di Tella junto a Jorge Schussheim, Jorge de la Vega y Camaleón Rodríguez, una experiencia que se convirtió en uno de los hitos del café concert porteño de la época.

A lo largo de su carrera, Marikena Monti desarrolló una intensa actividad teatral, con recordados espectáculos unipersonales como Secretos a cuatro voces y Retrato en blanco y negro, ambos nominados a los premios ACE, y con giras por distintas provincias del país.
También tuvo participaciones en cine, en películas como La Mary (1974), Comedia rota (1980) y Conviviendo con la muerte (1988), y en televisión integró ciclos emblemáticos como Botica de Tango y Sábados circulares.
En el plano musical, dejó una discografía que refleja su estilo ecléctico y profundo, con álbumes como Libertad mi amor (1970), Marikena (1974) y Alfonsina hoy (1982), entre otros trabajos que consolidaron su lugar como una intérprete singular y respetada.
“Su trayectoria fue coherente, valiente y comprometida”, expresó Cifelli en su despedida. Con su partida, la cultura argentina pierde a una artista fundamental, cuya voz y presencia seguirán vivas en la memoria colectiva.
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