Desde chico, Nacho Girón aprendió a moverse entre micrófonos. Empezó en la radio a los 11 años y, con el tiempo, su camino lo llevó por redacciones, estudios de televisión y coberturas internacionales. Hoy es una de las caras visibles de Infobae, donde conduce “Infobae al amanecer”, la primera mañana informativa del streaming del medio, junto a Belén Escobar y Luciana Rubinska.
Además, es columnista político en “Vuelta y Media” (Urbana Play 104.3), conduce el podcast “Los pasillos del poder”, trabajó durante una década en Telefe, pasó por CNN en Español y recientemente se sumó a El Cronista, donde lidera el ciclo de entrevistas “Líderes”. También es autor del libro La Salada, una investigación sobre la feria más grande de Latinoamérica.
A lo largo de su carrera cubrió crisis en Venezuela, conflictos en Medio Oriente y fue testigo directo de la tragedia de Cromañón, una experiencia que marcó su compromiso con las causas sociales y judiciales. Pero hay una historia personal que atraviesa todo ese recorrido.
Guada, “el gran regalo” de su familia
En una entrevista reciente con Tatiana Schapiro, Girón habló del vínculo con sus hermanas y se detuvo especialmente en Guada, la menor.

“Somos tres. Yo soy el mayor, Agustina tiene cuatro años menos que yo y después está Guada, que tiene ocho años menos. Guada nació con epilepsia y un retraso madurativo. Es como el gran regalo de nuestra vida y de nuestra familia”, contó.
Recordó que cuando era bebé, los médicos fueron categóricos: “No sobrevive, no sobrevive”. Pero Guada siguió adelante. Después vinieron otras sentencias que tampoco se cumplieron. “Nos dijeron que no iba a poder ir al jardín: fue al jardín. Que no iba a poder hacer la primaria: la hizo. Que no iba a poder hacer la secundaria: la hizo, con ayuda, con otros tiempos”.
Hoy, Guada trabaja, avanzó muchísimo y hasta viaja sola en subte. Cada logro, dice Nacho, tiene detrás un esfuerzo mayor.
“Todo cuesta más”, resume.
Lo que enseña una vida más difícil
Hablar de su hermana lo lleva, inevitablemente, a revisar sus propias quejas cotidianas. “Yo pienso mucho en ella en los momentos en los que me quejo por boludeces, que es bastante seguido. A veces pienso: la vida te dio todo esto”.
Y agrega una frase que condensa el peso emocional del vínculo: “Te cambio todo lo que tengo para que la discapacidad me hubiera tocado a mí y no a ella. Y no puedo”.
Esa sensación convive con otra: el aprendizaje. “A la vez te enseña muchas cosas. Es una genia”.
También contó que hubo situaciones que lo marcaron para siempre. Una, en particular, lo enfrenta con el costado más cruel de la realidad: cuando Guada todavía no manejaba bien el dinero, una persona que le vendía comida le robaba el vuelto.
“Ahí te das cuenta que hay gente dispuesta a pasarle por encima a una persona con discapacidad”, relató. Su familia lo frenó cuando quiso reaccionar. “Me dijeron: ‘es un pobre tipo’”.

Entre la noticia y lo esencial
Nacho Girón vive rodeado de datos, agendas y actualidad. Pero cuando habla de Guada, el tiempo parece ordenarse de otra manera. Su historia no solo acompaña su carrera: la moldea.
En medio del vértigo informativo, esa experiencia íntima funciona como ancla. Una que lo devuelve, cada vez, a lo básico: ser buena persona, mirar al otro y no olvidar que detrás de cada título hay vidas reales.
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