"No me reconoce, pero igual voy": el drama silencioso que rodea a Carlos Bilardo - Revista Para Ti
 

"No me reconoce, pero igual voy": el drama silencioso que rodea a Carlos Bilardo

Miguel Ángel Lemme, amigo entrañable y colaborador histórico de Carlos Salvador Bilardo, reveló con crudeza y amor cómo vive el deterioro del campeón del mundo. “No me reconoce... pero no lo dejo. No lo voy a dejar nunca”.
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Miguel Ángel Lemme camina 21 cuadras para ver a Carlos Salvador Bilardo. Lo hace dos o tres veces por semana, aunque cada visita le deja una herida que no termina de cerrar. Lo contó en una entrevista con Súper Deportivo Radioprograma de Radio Villa Trinidad.

“A veces me vuelvo llorando. Me hace mal, sinceramente. Pero lo quiero tanto que no puedo dejar de ir”, confiesa. Su relato es el de un hombre que aprendió a acompañar sin esperar nada a cambio. Porque el Doctor, como todos lo conocen, ya no lo reconoce. No reconoce a nadie. Confunde a su mujer con su hija, a su hija con su mujer. La enfermedad —el síndrome de Hakim-Adams— avanza, sin pausa ni retroceso.

Lemme visita con frecuencia a Carlos Bilardo. No le quiere soltar la mano.
Lemme visita con frecuencia a Carlos Bilardo. No le quiere soltar la mano.

Un vínculo sostenido por la memoria emocional

Lemme sabe que la mente de Bilardo se está apagando, pero insiste en hablarle, cantarle, abrazarlo. Busca entrarle por la emoción. “Le canto Es el equipo del Narigón, siempre lo mismo. Le hablo. Por ahí nada, pero bueno…”, dice.

Lemme y Bilardo
"El siempre me buscó, me sostuvo, me llevo a todos lados".

“Él siempre me buscó. Me llevó a todos lados. Me sostuvo. Y ahora yo no lo voy a dejar ni loco”, dice Lemme, con una ternura que estremece. La suya no es solo una promesa de amistad. Es un acto de lealtad existencial. De esos que no necesitan respuesta ni palabras. Cuando ya no hay memoria, queda la amistad.

Qué es el síndrome de Hakim-Adams

La enfermedad que atraviesa Bilardo es neurodegenerativa. También conocida como hidrocefalia de presión normal, afecta las capacidades cognitivas, el lenguaje, el equilibrio y la independencia. No es reversible. No tiene cura. No tiene atajos.

Lo que cuenta Lemme no es solo una crónica sobre la salud de un ex DT. Es un testimonio sobre cómo se ama cuando el otro ya no puede devolver el gesto. La historia de Carlos Bilardo y Miguel Ángel Lemme nos recuerda que la gratitud es una forma de eternidad. Y que, incluso cuando el tiempo borra todo, la amistad —la verdadera— sigue encontrando la forma de quedarse.

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