En medio de una etapa profundamente transformadora marcada por la llegada de su primer hijo, Rocío Marengo visitó Intrusos (América) y compartió detalles íntimos sobre sus primeros días como mamá de Isidro. Emocionada y sincera, la modelo habló de la angustia, la incertidumbre y el miedo que atravesó tras el nacimiento prematuro del bebé, pero también del amor y la fortaleza que descubrió en ese proceso.
Agradecida por la invitación al programa, Rocío aprovechó para explicar por qué estuvo ausente en los últimos meses de embarazo. “Estuve con pérdidas. Fueron unos últimos meses complicadita, pero después pudo estar todo muy bien”, contó, llevando tranquilidad sobre el desenlace.
Durante la entrevista, el conductor recordó la polémica que surgió cuando fue vista cenando mientras su hijo permanecía internado en Neonatología. Lejos de esquivar el tema, Marengo explicó cómo vivió esos días.
“Lo de Neo es un mundo desconocido para una mamá. Nadie me habló de que existía una Neo, que se podía complicar tanto en determinados casos”, expresó. La modelo describió ese espacio como un universo nuevo y movilizante, donde cada día estaba atravesado por la tensión y la esperanza.
También destacó el acompañamiento de otras madres que atravesaban situaciones similares, remarcando la importancia de esa red de contención inesperada.
El dolor de volver a casa sin su bebé
Rocío contó que recibió una gran contención por parte del equipo médico del Sanatorio Otamendi, aunque reconoció que le costaba aceptar los tiempos y las indicaciones. “No es un campamento, no te podés quedar a dormir en el pasillo”, recordó que le decían.
Tras el parto, su recuperación fue rápida, pero su prioridad era permanecer cerca de Isidro. “Me puse un jean y me iba a Neo a verlo. Una enfermera me dijo: ‘Si te ven tan bien, te van a dar el alta’. Entonces volví a la habitación y me puse el pijama”, relató entre risas, evidenciando su deseo de extender la internación para no separarse de su hijo.
Finalmente, cuando le dieron el alta y debió regresar a su casa mientras el bebé seguía internado, atravesó uno de los momentos más duros. “Nunca lloré tanto en mi vida como cuando llegué a mi casa sin panza y sin Isidro”, confesó, generando la empatía de todos en el estudio.
La modelo también aclaró que la situación fue sobredimensionada por algunos medios. Según explicó, Isidro nació un mes antes de término y su internación fue preventiva. “Él estaba en Neo solamente para aprender a respirar, succionar y tragar, que eso lo aprenden en el último mes en la panza”, detalló.
Si bien fueron 20 días intensos, la situación no pasó a mayores y hoy Rocío se muestra plena, disfrutando de esta nueva etapa como mamá. Una experiencia que, según sus propias palabras, la enfrentó a miedos profundos, pero también a un amor que cambió su vida para siempre.


