Fue una boda que paralizó al mundo y una tapa que quedó grabada en la historia de Para Ti. Cuando Philippe Junot se casó con Carolina de Mónaco, la revista capturó ese momento único en el que el amor parecía poder más que todo: el protocolo, las advertencias y las dudas.

Hoy, tras la muerte de Junot a los 85 años, aquella tapa vuelve a leerse con otros ojos.



El casamiento que lo convirtió en tapa
Fue una boda que detuvo al mundo y una tapa que hizo historia en Para Ti. En la entrevista exclusiva que acompañó aquella tapa, Philippe Junot no esquivó el conflicto. Habló, sin rodeos, de la resistencia que encontró dentro de la familia Grimaldi.

“Grace me odiaba y perseguía a Carolina para que me abandonara. Jamás dejaron de tener hacia mí una especie de rechazo”, confesó. Si bien explicó que con el tiempo fue aceptado, dejó claro que el inicio fue áspero: “Nuestro noviazgo no fue un jardín de rosas”.

Junot también enfrentó su imagen pública. La fama de playboy, de mujeriego, de jugador empedernido, lo precedía.

“Mucho se dijo de mi fama de play-boy… muchos de estos rumores salieron de Mónaco mismo”, aseguró, dejando entrever que el entorno no solo observaba, sino que también operaba.
Uno de los episodios más recordados fue el escándalo de unas fotos tomadas en un barco, donde Carolina fue captada sin la parte superior del bikini. “Ella estaba tomando sol y no hizo otra cosa que la que hacen muchas mujeres… le grité a Carolina, ella buscó su bikini y ahí sacaron las fotos”, relató, marcando el clima de persecución permanente.
La boda: contrato, lágrimas y protocolo
Nada en ese casamiento fue sencillo. Según una ley de Mónaco de 1882, el matrimonio debía contar con un contrato previo. La boda civil se realizó en el Salón del Trono ante 47 personas, con la autorización formal del príncipe Rainiero. Carolina aceptó incluso perder su ciudadanía para tomar la de su esposo.

La ceremonia religiosa, en cambio, fue monumental: 2.800 invitados en el patio del palacio.
El clima fue tan solemne como emocional. “Carolina llora. Rainiero se pone los anteojos oscuros para esconder los efectos del llanto. Junot besa a Carolina”, describía la crónica.
El lujo también fue protagonista. La torta de bodas, regalo para los novios, fue una verdadera obra de arte: cuatro pisos, dos metros de altura, 40 kilos de peso y 120 horas de trabajo.
Bizcochuelo de chocolate, cobertura blanca y, en el tercer piso, una jaula con tres palomas blancas completaban la escena.

El almuerzo del 29 de junio de 1978 incluyó platos clásicos de la cocina francesa y monegasca, acompañados por champagne Pommery de 1964 y Pommery Rosé de 1966.
Entre los invitados, las anécdotas circulaban como moneda de lujo: Frank Sinatra cantando My Way, Cary Grant recordando Hollywood con Grace, Junot animándose a bailar un tango en el Salón Azul, y hasta una discusión previa a la boda porque a él no le gustaba que Carolina usara jeans.
La pareja planeaba mudarse a París, al departamento de Junot, decorado por Carolina con paredes tapizadas y muchos almohadones. Todo parecía listo para empezar.
Sin embargo, aquella tapa de Para Ti dejó algo más que glamour: dejó pistas. El peso del protocolo, las tensiones familiares y la exposición constante ya estaban ahí.
Archivo Atlantida mail: [email protected]
Búsqueda de archivo: Gustavo Ramírez
Jefa de archivo: Maria Lujan Novella, contacto: 113903-8464
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