Britney Spears vuelve a estar en el centro de la escena, aunque esta vez no por un nuevo lanzamiento sino por una decisión que marca un antes y un después en su carrera. Según informó el sitio especializado TMZ, la estrella pop habría vendido los derechos de su catálogo musical a Primary Wave, una de las editoras más influyentes de la industria.
Con más de dos décadas de trayectoria y una lista de hits que definieron al pop de los 2000, la artista de 44 años estaría cerrando un capítulo clave en su historia profesional.
Una operación millonaria
Si bien no trascendió oficialmente el monto de la operación, fuentes cercanas estiman que la cifra rondaría los 200 millones de dólares. De confirmarse, se trataría de una de las ventas más altas realizadas por una artista femenina en los últimos años.
La adquisición del repertorio de Spears incluye clásicos como Baby One More Time, Toxic y Oops!... I Did It Again por lo que representa un movimiento estratégico dentro del negocio musical de parte de Primary Wave.
La noticia no resulta completamente aislada. A comienzos del 2024, Spears fue contundente al desmentir rumores sobre un posible regreso discográfico. Aunque más adelante archivó el posteo, sus dichos fueron interpretados como una decisión permanente.
“Solo para que quede claro: la mayoría de las noticias son basura. No paran de decir que estoy recurriendo a gente al azar para hacer un nuevo álbum. ¡Nunca volveré a la industria de la música!”, escribió en su cuenta de Instagram el 3 de enero de ese año.

En ese mismo mensaje, aclaró que continúa vinculada al arte, pero desde otro lugar: “Soy una escritora fantasma y honestamente lo disfruto de esa manera”, expresó, dejando entrever que prefiere un rol creativo más reservado y menos expuesto.
Según medios estadounidenses, la cantante estaría conforme con la decisión de vender su catálogo para atravesar una etapa más tranquila, enfocada en su bienestar y en la vida junto a sus hijos, Sean Preston (2005) y Jayden James (2006), fruto de su relación con Kevin Federline.
Lejos del ritmo vertiginoso que marcó sus años de mayor exposición, Britney parece apostar ahora a una vida con menor presión mediática, manteniendo el vínculo con la música desde la escritura y priorizando su entorno personal.
La venta de su catálogo no solo implica una operación financiera significativa, sino también un gesto simbólico: el cierre de una era que marcó a toda una generación.


