Hay apellidos que abren puertas, pero también ponen peso en la espalda. Catalina “Cata” Bonadeo lo sabe desde siempre: creció en una familia donde el periodismo es herencia, rutina y destino. Sin embargo, su camino no fue lineal: durante años intentó esquivar la etiqueta de “la hija de” y construir una identidad por fuera del mandato familiar.
Hoy, con una carrera consolidada en los medios, Cata se posiciona como parte de la tercera generación de una dinastía periodística. Pero su historia no se resume en un apellido: también incluye cambios de rumbo, ansiedad, trastornos alimenticios, terapia, disciplina y una pasión que le ordenó la vida: correr.

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Tercera generación en una familia de periodistas
Cata creció viendo cómo se trabajaba en la tele, en la radio y en coberturas deportivas. Lo vivió de cerca desde chica, acompañando a su papá Gonzalo Bonadeo. Pero cuando llegó el momento de elegir una carrera, intentó ir en dirección contraria.

Estudió Medicina en la UBA durante dos años: era su forma de no hacer “lo obvio”. Ella misma lo explicó alguna vez con sinceridad: le pesaba que le preguntaran todo el tiempo si era la hija de Gonzalo Bonadeo y temía que su entrada a los medios fuera leída como un privilegio.
El giro: de Medicina a la radio (y a su verdadera vocación)
El quiebre llegó cuando empezó a trabajar en radio como redactora junior. Ese primer contacto con la dinámica del medio fue decisivo: descubrió que ahí se sentía cómoda, que podía aprender y crecer sin tanta exposición pública.
Con el tiempo, entendió que el periodismo no era una “herencia” sino una vocación real. Y que lo que necesitaba no era huir del apellido, sino construir su propio recorrido.
La TV, el apellido y la presión: “me rompía el lomo”

Cuando pasó a la televisión, sintió más fuerte la mirada ajena: la sospecha de que su lugar podía estar ligado a quién era su padre. Al principio lo sufrió, pero lo transformó en motor.
Con el trabajo cotidiano y la constancia, logró integrarse y ganar respeto. Para ella, la manera de enfrentar el prejuicio fue clara: laburar, aprender y no perder el piso.
Running: el deporte como refugio y motor
Fuera del trabajo, el deporte ocupa un lugar central en su vida. Su rutina incluye entrenamientos tempranos, preparación para carreras y una disciplina que se volvió sostén emocional.

Correr no es solo un hobby: es su cable a tierra. Participó en desafíos exigentes —incluso en competencias estando lesionada— y se entusiasma con pruebas que combinan resistencia y paisaje, especialmente las de montaña.
Ella misma define el trail como “un viaje de ida”: porque no solo exige físico, también fortalece mentalmente.
Una historia personal atravesada por la salud mental y la relación con el cuerpo
Cata habló abiertamente de momentos difíciles: desde inseguridades en la adolescencia hasta trastornos alimenticios, y también episodios de ansiedad y ataques de pánico vinculados al estrés laboral.
Con el tiempo, la contención de su entorno y el tratamiento profesional fueron clave para salir adelante. Hoy continúa con terapia y sostiene una mirada más cuidadosa sobre su bienestar, sin romantizar el sacrificio ni la autoexigencia.
Hoy: periodismo, deporte y un camino propio
En la actualidad, Cata logró unir dos mundos: los medios y el deporte. Ese cruce le permite hablar de actividad física desde la experiencia real, motivar a otros y mostrarse auténtica.
Su historia, en definitiva, es la de alguien que aprendió a convivir con el peso del apellido, pero también a convertirlo en orgullo. No desde la comparación, sino desde el trabajo y la construcción de una voz propia.

