La muerte de Robert Duvall, que se conoció este 16 de febrero, no solo deja un vacío en la industria del cine, sino que también marca el final de una de las historias de amor más singulares y duraderas de Hollywood. En el centro de esa vida compartida estuvo Luciana Pedraza, la argentina que, con una diferencia de edad de 41 años y un encuentro fortuito, logró cautivar al actor de "El Padrino" para nunca más separarse. Luciana fue su compañera, su colega y quien lo acompañó con dedicación hasta sus últimos días a los 95 años.

Un encuentro de película en las calles porteñas
La historia entre ellos comenzó en 1996, de la manera más impensada. Duvall se encontraba en Argentina rodando una película y, durante una caminata, buscaba una florería. Al encontrar el local cerrado, siguió andando y se cruzó con Luciana, que por entonces tenía 24 años. Ella trabajaba como planificadora de eventos y promotora, y sin dejarse intimidar por la fama del actor, se le acercó para invitarlo a la inauguración de un salón de tango.
Duvall, que ya sentía una fascinación profunda por la cultura argentina, aceptó la propuesta. Lo que empezó como una charla casual entre un hombre de 65 años y una joven emprendedora, derivó en una conexión inmediata. Aunque el vínculo se fue cocinando a fuego lento, fue recién en 2004 cuando afianzaron su relación y comenzaron a vivir juntos, para finalmente casarse en el año 2005.

Tango, cine y una vida compartida
A pesar de los prejuicios que a veces despierta una diferencia de edad importante, Luciana y Robert demostraron que su unión iba mucho más allá de las cifras. Juntos compartieron la pasión por el baile, recorriendo milongas tanto en Buenos Aires como en el exterior. Esa complicidad también se trasladó a la pantalla grande: Luciana, que es nieta de la aviadora pionera Susana Ferrari Billinghurst, incursionó en la actuación y la dirección de la mano de su marido.

Uno de sus proyectos más emblemáticos fue "Assassination Tango", escrita, dirigida y protagonizada por Duvall, donde ella interpretó a su compañera de baile. Con el tiempo, Pedraza se convirtió en una figura respetada en el entorno del actor, no solo por su presencia en las alfombras rojas, sino por su labor solidaria. Juntos fundaron la Robert Duvall Children's Fund para ayudar a niños en situación de vulnerabilidad en el norte argentino, manteniendo siempre vivo el vínculo con las raíces de Luciana.
El adiós a un amor incondicional
En los últimos años, el matrimonio mantuvo una vida tranquila y de muy bajo perfil. Luciana fue el sostén fundamental de Duvall durante su etapa de madurez, permitiéndole seguir conectado con su pasión por el arte mientras disfrutaban de su refugio personal. La noticia de la partida del actor pone el foco en esta mujer que, desde aquel encuentro casual en una vereda porteña, se convirtió en el gran amor de una de las figuras más importantes de la historia del cine.

Su historia queda como un testimonio de que el amor no entiende de fronteras ni de almanaques. Luciana Pedraza no solo fue la esposa de una leyenda; fue la mujer que le enseñó a bailar el tango de la vida hasta el último compás.
Fotos: Fotonoticias

