En un mundo donde las relaciones humanas suelen estar mediadas por la inmediatez y las pantallas, la historia de Sonja Semyonova aparece como una invitación a mirar hacia otro lado: la tierra. Esta mujer canadiense, que hoy se desempeña como escritora y coach de intimidad somática, se volvió viral al compartir su particular historia de amor con un roble, un vínculo que ella define como el punto de partida para explorar nuevas formas de erotismo y protección.

Todo comenzó durante la pandemia, cuando Sonja se mudó a Vancouver. En sus caminatas diarias por los senderos de la ciudad, un árbol en particular captó su atención. Lo que empezó como un paseo de rutina cinco días a la semana durante todo el invierno, terminó convirtiéndose en una conexión profunda. “La presencia que siento con el árbol es lo que estoy buscando”, aseguró Sonja, quien sostiene que en ese vínculo encontró una sensación de seguridad que no había experimentado antes.
Una nueva forma de sentir
Para Sonja, esta relación logró llenar un vacío emocional. Según explicó, el roble le brinda una estabilidad que la hace sentir "protegida". “La sensación de ser pequeñita y sostenida por algo tan sólido, la sensación de no poder caer. Había estado anhelando esa oleada de energía erótica que viene cuando conoces a una nueva pareja”, detalló sobre el inicio de su enamoramiento.
La activista, que en sus redes sociales se dedica a "desmitificar el erotismo femenino", insiste en que el placer no debe entenderse de una sola manera. Al referirse al vínculo con el árbol, describió una experiencia que va más allá de lo convencional: “Noté una conexión. Había un erotismo con algo tan grande y tan viejo que me sujetaba”.
Qué es la ecosexualidad
Ante la sorpresa que generó su relato, Sonja fue muy clara al explicar los términos de su relación. Para ella, es fundamental diferenciar la sexualidad humana de la ecosexualidad. La mujer aclaró que no mantiene actos físicos con el roble, sino que se trata de una exploración sensorial y emocional con el entorno natural.

“Un gran error es pensar que la ecosexualidad significa sexo entre las personas y la naturaleza; es una forma diferente de explorar lo erótico”, subrayó para despejar dudas. Su objetivo como activista es demostrar que el placer puede encontrarse en la presencia y en la contemplación, y que muchas personas "se están perdiendo mucho placer" al no conectar con la energía de la naturaleza.
A través de su trabajo como coach y sus publicaciones, Sonja busca deconstruir los mandatos sobre el deseo femenino, proponiendo una mirada que incluya la intimidad somática y el respeto por los vínculos no tradicionales. Su historia, que sigue generando debate en redes sociales, plantea una pregunta incómoda pero necesaria sobre los límites del amor y la compañía en el siglo veintiuno.
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